“Eres un Universo en tí mismo”
-El Único y verdadero Ser vive en tí y todo lo demás no es otra cosa que una danza en torno a Él-
Como Microcosmos, el Ser Humano no es otra cosa que un reflejo exacto, a escala, del Macrocosmos o Universo estelar; de hecho, el verdadero Ser que vive en nosotros es el Único y el Todo al mismo tiempo.
Somos a modo de una proyección de nuestra Estrella; el Eón que nos acoge, en éste Universo, como los exiliados del Pleroma que somos. La individualidad, en nuestro Mundo, es una mera ilusión que hace que podamos interactuar, con nosotros mismos, mediante infinitos avatares que, para cada aparente individualidad, no serían más que clones o marionetas de cartón piedra que están para darnos chance; es decir, para que nuestro Personaje se desarrolle convenientemente y según se haya determinado en nuestro Libro del Destino.
Aunque pudiera resultar paradójico e ininteligible, cada uno de nosotros es el Unigénito de Dios conversando consigo mismo en mil formas, géneros y especies diferentes. Así, yo estoy aquí para servirte como el Hijo de Dios que eres; pero, al mismo tiempo, tú estás aquí para servirme como el Hijo de Dios que soy y, en el fondo, tú, yo y todos los demás somos variante de un único y verdadero Ser, Dios.
Desde un punto de vista gnóstico es natural si entendemos que el Teatro de la Vida se representa en un infinito teatro multidimensional y donde nuestros semejantes no son otra cosa que nuestro propio reflejo en un espejo muy especial. Y es especial porque la imagen que nos refleja es siempre diferente a nuestra propia imagen; pero en el fondo, ese otro que vemos y con el que interactuamos no es otro que otra versión de nosotros y que vive, exiliado, en su propia Estrella, la Embajada de otro Eón; pero, en el fondo, el conjunto, aparentemente fragmentado en infinitos eones, cuyos luceros brillan en el Firmamento, no son más que aspectos diferenciados de un mismo y único Ser.
Cómo reflejo del Macrocosmos el Ser Humano lleva consigo una suerte de atmósfera planetaria y a la que muchos conocen como el Ser Aural. Éste Ser Aural, digamos, está constituido de siete capas planetarias o capas de aura cada vez más densas, desde el exterior hacia el interior. En el interior se encuentra el ser rocoso y mineral constituido de elementos químicos sólidos, líquidos y gaseosos; se trata de lo que conocemos como el Cuerpo Denso o Físico y mediante el cual, sus sentidos, el Ser adquiere experiencias del Mundo material y espacio temporal en el que está viviendo. El Cuerpo Físico, a grandes rasgos, está constituido de Tierra (la parte sólida), Agua (la parte acuosa), Aire (la parte gaseosa) y el Fuego (El calor que desprenden los seres vivos y que los diferencia de los minerales inertes)
La siguiente capa del Cuerpo Aural está constituida por el Cuerpo Etérico o Cuerpo Vital. Ésta atmósfera de la rocosidad química del Cuerpo Físico, no es otra cosa que la Quinta Esencia o Quinto Elemento que permite que la materia mantenga una estructura e impidiendo que ésta se desmorone y convierta en un caldo inerte de productos químicos. El Éter es, por decir así, la Esencia de lo que se encuentra constituido todo, desde el Pleroma en su máxima espiritualidad hasta la materia en su máxima densidad; pues bien, éste vamos a denominarlo como “Cuerpo Vital” está constituido de cuatro partes, de mayor a menor densidad dentro de la Región Etérica: “Éter Químico”, “Éter de Vida”, “Éter Luminoso” y “Éter Reflector”. El Éter es la esencia de la que está constituido el vacío cuántico y de dónde surgen, como por arte de magia, todos los elementos cuánticos que constituyen los diferentes átomos que forman moléculas, órganos y cuerpos complejos. La parte del Éter Químico contiene la información de la estructura de la materia y sin la cual no podría existir una forma más o menos permanente. El Éter de Vida es el que imprime la información vital que permite que, tanto plantas como animales, se diferencien de los inmóviles minerales. El Éter Luminoso canaliza la energía necesaria para que tanto la Forma se sustente como para que la Vida sea posible. El Éter Reflector es el que permite que las experiencias vitales puedan ser grabadas y que no se pierdan. De Éter Reflector están constituidos, tanto la membrana interdimensional que separa nuestro Universo del Pleroma como los archivos de los que están constituidos la Memoria de la Naturaleza.
Antes de continuar con los elementos superiores del Cuerpo Séptuple, debemos de indicar que los siguientes Cuerpos están compuestos, exclusivamente, de la misma materia que el Cuerpo etérico; pero con una densidad cada vez menor y una espiritualidad más acentuada y cercana al Éter del Pleroma; pero siempre dentro de ésa burbuja que es nuestro Universo y cuya frontera no es otra que la Esfera Reflectora constituida de Éter Reflector.
El Cuerpo Vital, como hemos dicho, es el segundo de los cuerpos áuricos y es el encargado de todos los procesos vitales de los seres vivos; de otro modo, de dirigir la orquesta vital que se encuentra impresa en la partitura del Libro del Destino. El Cuerpo Vital se comunica con el Cuerpo Físico mediante los diferentes éteres constituyentes de la Región Etérica.
Con el Cuerpo de Deseos o Astral se completa el triplete que completa la Personalidad del Ser Humano; es decir, la parte del Alma Mortal y que no es otra cosa que el vehículo de manifestación del Espíritu Inmortal en el Mundo de la Materia. La Personalidad es la encargada de experimentar y canalizar esas experiencias hacia los vehículos más elevados y que constituyen el Alma Inmortal con el fin de que la información experiencial y de la conciencia individual no se pierdan y puedan preservarse llegado el periodo de transición de Estado y que conocemos como la Muerte. Gran parte de ése trabajo y que no tiene que ver, exclusivamente, con las necesidades vitales o de subsistencia y que corresponden al Cuerpo Vital, es del que se encarga el Cuerpo de Deseos; que, por otro lado, es el eslabón entre la Mente, el Espíritu, y los elementos inferiores del Campo Aural: El Cuerpo Vital y el Cuerpo Denso o Físico propiamente dicho.
A continuación, como elementos fronterizo entre el Espíritu Inmortal del Ser y la Personalidad Mortal (Cuerpos Denso, Vital y de Deseos) tenemos el Cuerpo de la “Mente Concreta” y que no es otra cosa que el punto focal que permite que los cuerpos superiores se manifiesten, reflejados de forma inversa, en sus cuerpos inferiores. Por decir así, la Mente Concreta vendría a ser los hilos con los que él Titiritero, el Espíritu, controla a su Marioneta, la Personalidad.
Con la Mente Concreta, el cuarto Cuerpo áurico, podemos decir que hemos descrito la parte más grosera y material de los seres humanos. A partir de aquí, con el Quinto Cuerpo de la “Mente Abstracta” entramos en el Mundo del Espíritu Humano y donde se ubica su parte del Alma Inmortal.
El Sexto Cuerpo áurico sería el Espíritu de Vida y el Séptimo el Espíritu Divino que conecta al Ser Humano con el Pleroma, su verdadero Ser, el Uno y el Todo.
Todos estos cuerpos mencionados no son partes separadas sino que conforman una única unidad estructural conocida como Cuerpo Áurico y que conforma la totalidad del Microcosmos o Mónada Humana. Todos los elementos del Aura se encuentran conectados de una forma magnética, la Lípika, y en la que cada parte posee, mediante información previa, una función concreta; pero interrelacionada con el resto; es decir, ningún Cuerpo es independiente de los demás, sino que forman un todo coherente y sustancial.
Así, cuando te encuentras frente a un semejante, te encuentras como embutido en una burbuja de individuación, frente a tí mismo, embutido en otra burbuja de individuación; es, por decir así, como si te encontraras a tí mismo pero de una dimensión diferente a la que tú, ahora, estás viviendo. Así, el Teatro de la Vida que conocemos como el Mundo, vendría a ser un Escenario donde un mismo Actor, tú, interpreta simultáneamente una infinidad de Personajes que viven en dimensiones diferentes; pero que interactúan entre sí gracias a los cuerpos áuricos o burbujas de individuación.
En la parte más elevada, denominada como del Espíritu Divino, todos somos Uno y tenemos la Conciencia de la Unidad; pero, conforme vamos descendiendo, sobre todo a partir del Pensamiento Concreto, la individuación de la Personalidad va tomando protagonismo en contra de la Unidad primordial del Ser. Sólo así, el Ser puede desdoblarse, en tanto que Actor múltiple, para interpretar tal cantidad de personajes diferentes.
Así cuando amas a un semejante, te estás amando a tí mismo y cuando discutes o agredes a quien consideras, erróneamente, como otra Persona, te estás agrediendo a tí mismo. Recuerda que todos somos Uno y, en tanto que unidad, somos el Unigénito Hijo de Dios; por decir así, representamos la interpretación de diferentes facetas del único Ser existente, la Plenitud de Dios, origen de todas las cosas, tanto Fuente como Destino de todo lo que ha podido ser, sea o será.
Por eso dijo Jesús: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”, o “Amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos y a Dios por sobre todas las cosas”
Cuando veas a alguien frente a tí, recuerda que eres tú mismo representando, simultáneamente y en trabajo compartido, otro papel. Existen muchos personajes; pero un sólo Jugador que se encuentra jugando al “Solitario”: Tú
Frater Aralba R+C









