“Los malvados serán aniquilados”
-¿Por qué existe tanta maldad en el Mundo?-
El mal estúpido es fruto de la ignorancia y, consecuentemente, al miedo a lo desconocido. Ése mal incoherente, por regla general, es fruto de malos entendidos; la Historia de la Humanidad está llena de ellos; pero existe otro Mal, el verdadero con mayúsculas, y que no es fruto de la ignorancia, sino de la frialdad libre de empatía. Este mal no es fruto de la ignorancia sino de la manipulación de psicópatas, para los que la Vida Humana y su integridad física y emocional no valen nada.
Así, se suele hablar de gente desalmada; narcisistas sin empatía y libres de cualquier creencia o moralidad espiritual. Para ésta gente, de cuyos actos emana el mal, no existe nadie más que ellos; por decir así, todo el Mundo, no sólo se encuentra a su servicio; sino que, también consideran que valen menos que nada y, por lo tanto, son prescindibles.
Es inútil intentar convencer a quienes hacen el mal, de que se encuentran equivocados y que sus actos los alejan de la salvación. Ésta gente parece haber nacido para hacer daño a los demás, la religión, la filosofía, la moralidad o la espiritualidad, pareciera que no van con ellos. Sí, a pesar de que nos gustaría decir lo contrario, el Mal consciente existe y ésa maldad no es fruto de la ignorancia sino del deseo y disfrute de hacer daño. El malvado disfruta haciendo el mal y sintiéndose superior a los demás; en tanto que, carece de moral y no siente que existan barreras que le impidan conseguir sus objetivos de crueldad y disfrute obsceno.
Para ellos, la vida es una suerte de juego de arcade y en el que los individuos, más que seres humanos con Alma son meros objetos a eliminar sin consideración alguna, y si es cruelmente mejor todavía.
Ésta gente, en verdad, no posee verdaderos amigos; pero poseen la capacidad de manipular a los idiotas que se les acercan, con el fin de convertirlos en sus ejércitos de estúpidas marionetas. Al final, éstos ejércitos de descerebrados manipulados terminan descubriendo que también son sacrificados en el tablero de juegos de su psicopático Líder; pero cuando se dan cuenta, si es que lo hacen, ya es demasiado tarde.
¿Sabéis por qué acaban consiguiendo el suficiente poder como para conseguir sus nefastos objetivos? Porque la mayoría, la inmensa mayoría de la gente tiene escrúpulos y ellos no. Ellos terminan realizando aquello que al resto de la gente, como mucho, sólo se les pasaría por la cabeza; pero no sé atreverían a llevarlo a la práctica jamás.
Sí, los psicópatas son conscientes de sus actos, no actúan por ignorancia y miedo injustificado. Ellos actúan así porque disfrutan y se divierten haciendo daño. Es posible que cuando comienzan con sus fechorías, las encubren con mentiras; pero cuando se sienten empoderados y que ya nadie puede pararlos, su verdadero rostro inhumano y sin sentimientos aparece “Hoy hemos asesinado”; “Mañana asesinaremos a una parte importante de la población”. Oigan, eso dicen sin despeinarse; pero lo peor de todo es que muchos aplauden éstas palabras y otros callan por miedo a ser señalados.
Hemos llegado a un punto en que muchos son incapaces de diferenciar cuando se encuentran inmersos, en un juego, frente a una pantalla o cuando se encuentran frente a la realidad. Y ven, ésta gente desnaturalizada, los telediarios como si fuese el relato de un concurso de gamers esperando el consabido “Game Over”; pero tras ese, supuesto, Game Over ha existido infinito sufrimiento y muerte de muchos cuerpos que estaban ocupados por almas inmortales. Sí, por suerte, aunque los cuerpos sean vaporizados mediante armas nucleares, o descuartizados por bombas de racimo; sin embargo, las almas sobreviven y, oigan, no olvidarán fácilmente el mal rato que les hicieron pasar. No se trata de odio o rencor, sino de justicia y de recolocar el tablero de juegos de una forma más equitativa y racional. Y cuando éso pasa, porque los seres humanos, cuando desencarnan, recobran su verdadero poder Divino, y los inevitables efectos derivados de las terribles causas, nunca se hacen esperar.
Así los malvados, invariablemente, son exterminados, aunque sus espíritus, si es que los tuvieren, terminen marchándose de vacío para tener que retornar, con almas más pulidas, a ése punto de salida y entrada que es la casilla Cero del Juego Cósmico de la Oca.
El que a hierro mata a hierro muere y, sí, aunque crean que no, existen pecados imperdonables; pero no estamos hablando, aquí, de justicia Humana, sino de justicia Divina. No, se trata de un error creer que, en la vida, los seres humanos podemos tomarnos la justicia por nuestra mano. ¡Nunca!, dado que impartir justicia es algo que le pertenece a Él, Dios. Evidentemente, ésa gente que disfruta haciendo el mal no debería de andar libre por la calle, porque sería un peligro público; pero ajusticiar; es decir, asesinar al asesino, eso le conmuta la pena al otro lado del velo; en tanto que él mató; pero también él fué matado y la deuda cobrada por manos humanas.
No, es mejor que el psicópata asesino viva el resto de su Vida a buen recaudo; pero sin la posibilidad de que pueda hacer más daño; en tanto que no podemos saber si, a quien se está ajusticiando es a un mero clon sin Alma o a un Cuerpo animado por un Alma verdadera; pero cuyo espíritu se encuentra encadenado y atrapado en una fortaleza de acero donde duerme el sueño de los justos. Si a ésta mala persona se le da el permiso de seguir viviendo, existe la posibilidad, aunque sea remota, de algún tipo de arrepentimiento y de que su prisionero Divino pueda liberarse y tomar el control de su Vida. Si eso se produjese sería un triunfo del Bien sobre el Mal; pero si la vida del malvado es cercenada por la mano del hombre, cortamos ésa posibilidad sin acabar con el problema sino perpetuándolo sine die.
Sí, desde lejos, lo que sucede en el Mundo pudiera parecer un macabro juego; pero un juego al fin y al cabo; en tanto que las muertes resultan aparentes; pero detrás de cada Muerte existe una cosecha inmensa de sufrimiento. Un sufrimiento no sólo de los heridos agonizantes sino también de sus familiares y seres queridos. Ésa cosecha sombría es recogida por los arcontes que, como cimientos, columnas y vigas sustentan a la Naturaleza para que el juego de la vida y de la muerte se perpetúe por los siglos de los siglos, sin un fin aparente.
El ojo por ojo y el diente por diente no es palabra de Dios sino del Rey de los arcontes. Por éso Jesús nos enseñó a perdonar a nuestros enemigos; en tanto que si no perdonamos, el rencor arraiga en nuestros corazones y terminan engendrando el árbol del odio que es asesino del Amor y, consecuentemente, de nuestro Ser Interno, nuestra Chispa de Espíritu Divino.
El mal será erradicado del Mundo, cuando el Mundo acabe; es decir, cuando haya cumplido su función de cascarón del Huevo Cósmico que nuestro Universo es. Mientras tanto, por desgracia, el sufrimiento y el mal seguirán existiendo porque la gestación del Eón que surgirá de nuestro actual Universo, no sale gratis, necesita de la confrontación de los opuestos; se gesta con dolor, mucho dolor, un dolor cósmico indescriptible y, por eso existe el Mal; pero no por ello debemos de rendirnos y aceptarlo. Debemos de luchar contra el Mal mediante el Amor. Entendamos el Amor como una manguera de apagar incendios y al mal como el propio incendio.
Desgraciadamente, mis amigos, el mal es necesario pues, de lo contrario, el Huevo de nuestro Universo no se estaría gestando; vendría a ser como un Huevo de gallina sin fertilizar; pero éste Huevo está bien fertilizado por el Espíritu del Demiurgo y que vive en todas y cada una de las partículas del Éter, su Quintaesencia, el Cristo de los cristianos rosacruces.
El Mal, al final de los días, como la totalidad de los malvados, será aniquilado; pero mientras llega ése día, estemos ojo avizor, preparados para que el mal no contamine nuestras almas y personalmente seamos desechados por nuestro Espíritu y borrados del Libro de la Vida. Sí, desgraciadamente el mal es necesario; pero tú, mi amigo o amiga, procura no ser parte de la leña que alimenta dicho incendio. Sé el extintor, siempre dispuesto a combatir la maldad mediante la Fe en Dios y el Amor a su Creación y de la cual, no hay modo, también forman parte los malvados y la maldad.
Frater Aralba R+C















