“El pueblo repudiado”
-Su problema es que sigue creyendo ser el pueblo elegido-
Hubo una vez, hace mucho, mucho tiempo, la creencia de los hombres en muchos dioses. Dioses que, por lo que se sabe, se estaban enfrentando constantemente entre sí; pero algún día, uno de ellos decidió publicar ser el único Dios y que todos los demás no eran otra cosa que demonios impostores.
Todos los dioses, éste no podía ser diferente, son creados por la imaginación de los hombres y, bueno, la imaginación del Hombre que a éste Dios dió Vida, lo hizo celoso, malhumorado, vicioso, vengativo, tirano, imprevisible, inflexible, psicópata y narcisista; vamos, lo que se suele decir: toda una joyita.
Pues bien, ésta Entidad inventada por la imaginación del Hombre se convirtió en el Dios de una Tribu que terminaría creyendo ser el “Pueblo Elegido”; pero elegido ¿Para qué?, pues nada menos que para gobernar al Mundo como el capataz encargado de una granja de animales; pero así, literalmente, convirtiéndose los miembros de ésta tribu, sintiéndose privilegiada, en gente egoísta, arrogante, soberbia y nada empática con el resto de la gente que no perteneciera a su Tribu.
Resulta que, un día, hace más de dos mil años, nació dentro de dicha Tribu el Mesías, Hijo del Dios verdadero; es decir, que no había sido creado por Mente Humana alguna. Éste verdadero y único Dios que éste Mesías les trajo, al contrario que el anterior inventado, era un Dios de Amor, empático, paciente, comprensivo, humilde y omnisciente. Pues bien, a quienes vino, el Hijo de Dios, no lo recibieron; es decir, lo rechazaron y siguieron abrazando la idea de que ellos eran el Pueblo Elegido del Dios inventado y siguieron actuando, como siempre lo habían hecho, hasta nuestros días.
Nunca, jamás, los descendientes de ésta Tribu antigua y que habían rechazado al verdadero Dios de Amor, llegaron a gobernar la Tierra; pero jamás perdieron la esperanza de poder llegar a conseguirlo algún día y, con el fin de nunca olvidarlo, desarrollaron una planificación pormenorizada encaminada a conseguir el objetivo de gobernar el Mundo y a ése objetivo lo denominaron como profecías; es decir, decidieron que estaba profetizado que ellos, la gente de ése odioso dios inventado, estaban predestinados, algún día, a dominar el Mundo y gobernarlo según su antojo y mejor criterio.
El Hijo del Dios verdadero, aún habiendo nacido dentro de dicha Tribu, había sido rechazado por sus miembros y, saliendo de su reducido reducto, tanto el Padre como el Hijo fueron predicados al resto del Mundo, los Gentiles. Así, el supuesto “Pueblo Elegido” por su tozudez y dura cerviz se convirtió, por propia decisión, en el “Pueblo Repudiado”, mientras que todos aquellos que aceptaron la Verdad del Evangelio del Hijo de Dios, independientemente de la Tribu a la que pertenecieran, se convirtieron en “Hijos de Dios”, el verdadero “Pueblo Elegido”
La paradoja de éste relato es que pasado mucho, mucho tiempo desde que Dios decidiera que los suyos no eran aquellos que seguían aferrados a la idea de un dios conquistador y sanguinario; sino que, contrariamente, los suyos, el “Pueblo Elegido” eran, ahora, los salvados por la Fe en el Hijo de Dios y seguidores de su Evangelio; pues bien, lo paradójico es que algunos creyentes en el Dios verdadero interpretaron, erróneamente, que aquellos, los seguidores de ése dios celoso y malhumorado eran, el Pueblo Elegido del verdadero Dios, vamos que nunca había dejado de serlo.
Así, las cosas, esos confundidos del Pueblo Elegido de la Nueva Dispensación del Amor, inaugurada por el nacimiento, Muerte y resurrección del Hijo de Dios, se confabularon con los descendientes de aquel Pueblo repudiado y que seguían a un Dios inventado, con el fin de cumplir con el detallado Plan y al que habían denominado como profecías. Falsas profecías autocumplidas y que no son otra cosa que seguir una antigua hoja de ruta.
Así, hoy muchos hijos del verdadero Dios, equivocados, trabajan junto a los hijos del Dios inventado, para cumplir el deseo imposible de que los descendientes del “Pueblo Repudiado” cumplan con su objetivo final de gobernar el Mundo; en tanto que ellos nunca entendieron qué aquellos con los que se habían asociado, nunca fueron el “Pueblo Elegido”, sino el “Pueblo Repudiado” porque rechazaron, en su día, al verdadero Hijo de Dios y que naciera en el seno de su propia Tribu.
Ésta asociación, entre gentes arrogantes unos y confundidos los otros, ha convertido al Mundo en un auténtico baño de sangre y en un Infierno donde es casi imposible vivir sin desear que llegue la salvadora Muerte. Éste conjunto de gente equivocada, los sionistas, con su violento e ilógico proceder, han traído al Mundo al Anticristo, el maligno Espíritu del Separador y del Adversario.
Mientras que el Mundo no entienda que se encuentra gobernado por el sinsentido y la superstición, el sufrimiento seguirá campando a sus anchas entre los moradores del Planeta, sin discriminar quiénes son aquellos que dicen ser los hijos de Dios, de aquellos que, simplemente, fueron rechazados; pero que con gran tenacidad y esfuerzo de acaparación de recursos, se han convertido, con el paso de las generaciones, en los prestamistas de los amantes del vicio y la violencia.
Y en ésa estamos mientras no despierte la gente a la única Verdad: que el Mundo está gobernado por gente ignorante, corrupta y sin escrúpulos, que dicen creer en la Vida Eterna junto al Hijo de Dios; pero en Verdad no creen y lo único que buscan son los bienes terrenales que pueden concederles los prestamistas pertenecientes al Pueblo repudiado por el verdadero Dios de Amor, ése que vino a mostrarnos a Jesucristo, el Hijo del Dios de Amor.
No se trata de respetar a las diferentes religiones, eso es una trampa, sino de entender que sólo existe una única religión verdadera: el aceptar en el corazón a Cristo, el verdadero Hijo de Dios. Aceptar tratos con los descendientes del Pueblo repudiado, adoradores del repulsivo dios inventado, es lo mismo que aceptar tratos con los hijos del Mal y éso nos convierte en lo mismo que ellos, en “Ignorantes”, “Repudiados” y lo peor de todo, “Malditos”
Frater Aralba R+C













