“No estamos aquí para luchar por el Sistema”
-¿Por qué deberíamos?-
Supongo que se habrán dado cuenta que se trata de una pregunta retórica.
Piénsese que hablamos desde el rencor, la frustración; en suma, desde el resentimiento. Nos da igual, piensen lo que deseen; pero no se trata de eso. No nos sentimos la persona más miserable y perjudicada del Mundo; de hecho, nos sabemos un privilegiado en comparación con tanta gente, por el Mundo, que lo está pasando, mal no, lo siguiente. Empezamos así porque queremos dejar claro que aunque somos un enemigo mortal del Sistema, no lo somos por aquello que pudieran pensar nuestros amables lectores, ni a nosotros nos mueve el resentimiento de un ego inflado. La cuestión es que el Mundo es perverso e inhumano; pero mucho más perverso e inhumano para aquellos que han descubierto, mediante la iluminación, como funciona. Unos pocos, conociendo como funciona la maquinaria y engranajes de la existencia, durante un tiempo son capaces de adaptarse y sacar provecho de su estructura; pero es igual, al final, como una apisonadora, termina arrastrándonos a todos por igual. Otros como nosotros, por el contrario, siendo de naturaleza rebelde, nos rebelamos contra el Sistema y vivimos la Vida, por decir así, contra corriente y, por lo tanto, sufriendo golpe tras golpe a sabiendas de que los vamos a recibir y, consecuentemente, sufrir.
Por favor, no se sienta ésta reflexión como un lloro; de sobra sabemos que nuestro Destino y pruebas, los hemos confeccionado antes de venir al Mundo; de otro modo, somos responsables, no sólo de nuestras acciones sino también de nuestras pruebas en la Vida. Hemos venido aquí a realizar determinadas cosas, enfrentar determinadas situaciones y confrontar a los enemigos que, en un guión previo, decidimos que deberíamos de enfrentar. Por lo tanto, no nos estamos quejando; pero, a veces pensamos que nuestro Grado de masoquismo es tan extraordinario como para haber elegido un campo de batalla tan desfavorable y unos enemigos tan rudos y miserables que es difícil imaginar situaciones peores.
Nacimos, año 1956, en un País sumido en la más desastrosa de las postguerras y en donde una dictadura católica comenzaba a gobernar; de hecho, una dictadura que nos perjudicó durante toda la infancia; pero no por la injusticia e inequidad; sino más bien, por la extrema dificultad de hablar y expresarse con libertad. De hecho, nacimos en el seno de una familia extremadamente humilde que tuvo que abandonar su terruño, Tierra de Bujalance (Córdoba, Andalucía), para poder combatir la miseria de la posguerra. Pronto descubriríamos aquello de ¡Quién no tiene padrino no se bautiza!; de hecho, nuestros padres, aunque católicos desde niños, no vayan a creer que eran practicantes y, desde luego, podrías contar con los dedos las veces que hemos pisado una iglesia, casi siempre debido a funerales, bodas, bautizos y comuniones; de hecho, en nuestro caso personal, visitamos obligados la Iglesias, por causa de la Primera Comunión, unas tres veces no más y confesado una sóla vez, por prescripción facultativa de dicha Eucaristía primera.
Lo cierto es que, desde muy chico, la enseñanza que transmitía la Iglesia Católica, siempre, nos pareció trasnochada e infantiloide; de hecho, conforme hemos ido creciendo y estudiando nuestro entorno y su Religión; sólo hemos podido corroborar esa sensación de estar con y en el Lugar equivocado; pero, repetimos, siempre hemos sido conscientes de que estábamos en dicho lugar porque en algún instante, olvidado, decidimos que así debía de ser.
Nuestros padres jamás supieron aprovechar, suponemos que por un poco de orgullo y otro de ignorancia, las pocas ventajas que suponía, si es que las hubiere, vivir en una dictadura de tinte fascista, religioso y nacionalista; por pone un claro ejemplo, no supieron aprovechar las becas que se proporcionaban para los niños y niñas que sobresalieron, en inteligencia, por encima de los demás o por mera necesidad económica. Sea como fuere, las becas jamás se buscaron en nuestra Casa y, consecuentemente, jamás llegaron. Y, por supuesto, siendo la miseria tan grande que los niños, especialmente, llegados a los 14 o 16 años, siempre antes de los 18, debían de ponerse a trabajar, nosotros lo hicimos por pura necesidad económica a los 17, debíamos entrar en el Mundo laboral como aprendices de algún Oficio; por lo tanto, nuestros estudios oficiales nunca dejaron de ser básicos e insuficientes para poder opositar o ingresar a estudios superiores; de hecho, no dejamos de intentarlo y trabajando de aprendiz de segunda de electricista, de forma nocturna, seguimos estudiando el quinto Grado de bachillerato; pero sin mucha fortuna, pues nuestra estructura delicada hizo que enfermáramos al intentar compartir la actividad diurna del Trabajo, hasta las 19 horas de lunes a viernes, sábados hasta el medio día y la actividad didáctica nocturna. En definitiva y para no hacer el cuento largo, enfermamos de apendicitis, perdimos una gran cantidad de clases y al final decidimos abandonar los estudios. No, como ven, el Sistema nunca nos lo puso fácil aunque durante el resto de nuestra Vida, la mayor parte de nuestro presupuesto vital y económico, ha estado dirigido a nuestra Formación intelectual; pero una formación que nunca fue oficial y, por supuesto, jamás nos permitió acceder a estudios universitarios. Siempre, en nuestra Vida, prevalecieron otras prioridades, verdaderamente necesarias, antes que estudiar para poder ser aceptado por el Sistema como un verdadero Ciudadano con todos sus deberes; pero también con sus derechos.
Ahora tenemos 70 años y, de veras, no nos arrepentimos de las decisiones tomadas. A mitad de nuestra Vida cambió, en el País, el Sistema dictatorial por una supuesta Democracia. Una Democracia que tampoco vayan ustedes a creer que nos favoreció, sino todo lo contrario. Así las cosas, en nuestra memoria, no tenemos constancia de que el cambio fuese favorable salvo para una cosa, el poder hablar en contra del Sistema y la Religión, sin que alguien se presente en tu casa para llevarte a comisaría; pero, en lo demás, las mismas o peores injusticias que impedirían que pudiese sacar la cabeza del agua, como si alguien nos tuviera puesta la pierna encima y que nos impidiera respirar.
Pero volvamos atrás, con 17 años intentamos entrar en la Marina, la Armada se dice ahora, la idea era poder estudiar electrónica y entrar en submarinos; pero fue imposible, pues era menor de edad, la firma de nuestro padre era imprescindible y la de nuestra madre, en aquella época, no servía para nada. ¿Por qué no firmó nuestro Padre?, la Verdad nunca se enteró que intentábamos entrar en la Marina. Nuestra Madre dijo que mejor no se lo dijéramos pues armaría alguna gorda. Nuestro tío Juan, al que evidentemente nosotros no conocimos, había muerto en la Guerra, en la Batalla del Ebro, luchando por el Bando Republicano; como pueden ustedes entender, nuestro Padre no podía ver ni en pintura a nada que tuviese que ver con el Régimen dictatorial de Franco.
Más adelante, con 20 años, intentamos entrar, como voluntario, en el Ejército del Aire; pero, en aquella época, por nuestra condición de Cristiano Protestante, Evangélico, se nos rechazó. En fin, en ése caso no podía echarle la culpa a nuestro Padre sino al orgullo ingenuo, nuestro, de pensar que un Régimen, aún encontrándose moribundo, iba a permitir entrar en sus entrañas a alguien que no fuese Católico Apostólico y Romano; lo curioso del caso es que muy poco después nos llamaron a filas para cumplir, de forma obligatoria, con el Servicio Militar, servicio que cumplimos entre León y Valladolid, en Artillería Ligera, durante 15 meses. Quince meses que supimos aprovechar pues allí realizamos estudios profesionales de Instalador Electricista Industrial y que, luego, después del Servicio Militar, nos serviría para entrar como Oficial de Tercera Electricista en la Empresa Loga S.A. de Montajes Eléctricos.
Posteriormente, cuando la Empresa quebró, construyendo el Antro de juegos de Torrelodones, el Casino Gran Madrid, intentamos incorporarnos a la Guardia Civil; pero tenía que presentar, al Cuerpo, una serie de firmas y nombres de varones adultos, tanto por parte de la familia paterna como por la materna. Si hubiese intentado recopilar dichas firmas, lo más probable es que hubiese perdido cualquier tipo de contacto con la Familia. Ésto qué aquí contamos son datos absolutamente reales y, ahora, ustedes preguntarán ¿Por qué tanto desprecio a éste País?, pues ya lo saben todo.
Aquí lo vamos a dejar, pues no es nuestra intención aburrirles contándoles nuestra Vida; pero lo cierto es que, no nos parece, que tengamos que agradecerle nada ni a la Dictadura de Franco ni a ésta mascarada de supuesta Democracia que se vive en España y donde la corrupción campa a sus anchas, gobierne quien gobierne; pero una cosa sí les vamos a decir, ahora somos nosotros quienes no queremos nada con el Sistema Educativo Oficial Español. La verdad, no sabríamos qué hacer con los certificados y diplomas expedidos por la Corona y firmados por el Rey de España. Como siempre contracorriente, pues nos consideramos anti monárquico y, sobre todo, anti Borbones, una Dinastía de traidores que lo único que hicieron, desde que sustituyeron a los Austrias, es trabajar para intereses extranjeros vendiendo a España.
Por ello, a nuestros 70 años sabemos a ciencia cierta que jamás tendremos, en éste País, una titulación universitaria.
Frater Aralba R+C

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