01 octubre, 2026

El Objetivo de la Vida

 “El Objetivo de la Vida”


-Y no es nada de lo que te han contado, sino justo todo lo contrario-


Acerca de la Vida habrás escuchado mil milongas. Qué si encontrar una buena pareja, tener hijos y criarlos conforme a las normas del Sistema, e intentar darles una vida que nosotros no hemos podido tener. 


He dejado para después el Tema de la Superstición y el miedo a la IA, porque éste asunto del Objetivo de la Vida me parece mucho más importante y fundamental.


Por otro lado, otros, de forma totalmente equivocada, hablan de éste Mundo como una Prisión, donde la Personalidad no deja de ser otra cosa que parte de los barrotes o de las cadenas si se quiere que atan al Espíritu a la materia. Los que predican ésto, indican que a la Personalidad, como poco, hay que domesticarla y, en último término, destruirla; pero os aseguro que esto no es así y a continuación pasamos a explicar, no sólo, cuál es el sentido de la Vida, sino el único camino correcto para alcanzarlo.


El Ser Humano llega a éste Mundo en la forma de un Espíritu, en forma de diminuta semilla, escondido en un envoltorio de carne que, con el tiempo irá creando una Personalidad; pues bien, el objetivo de la Vida es crear esa Personalidad; pero no cualquier Personalidad, sino una buena Personalidad que merezca, al final del Proceso, poder ser rescatada por el Espíritu y al que los rosacruces denominan como Cristo Jesús; por lo tanto, sí, es Cristo el único que puede salvar al Alma Humana y que no es otra cosa que esa buena Personalidad que hemos venido a ayudar a construir en éste Mundo.


El Espíritu que encarna procede del Verbo y que no es otra cosa que la Tercera persona de la Trinidad de la que el Pleroma, el Padre, es la primera, la Madre o la Espíritu Santo, es la Segunda y el Hijo, el Verbo Creador o Cristo Jesús es la tercera; pero en ésto no voy a profundizar pues ya se ha hecho, con profundidad, en reflexiones anteriores. 


Ése Espíritu encarnado no es ni bueno ni malo; de hecho, no puede serlo porque es puro Amor; es decir, una fuerza cohesiva semejante a la Fuerza de la Gravedad; pero infinitamente mayor. Por decir así, el Espíritu es el pasajero de su Cuerpo y la Personalidad que no vendría a ser otra cosa que el chofer de dicho vehículo, se va construyendo durante el transcurso de la Vida, desde que se nace hasta que se fallece y ahí es donde radica todo el misterio: “Construir una Personalidad Buena”; es decir, convertir al chofer en una buena Persona que merezca ser rescatada para pasar de una entidad finita y mortal a otra que se convierta en infinita, aunque con un comienzo en su nacimiento carnal, e inmortal para toda la Eternidad.


Para que este proceso culmine bien deben darse dos circunstancias que no pueden funcionar la una sin la otra. En primer lugar, como ya hemos repetido, la construcción de una buena Persona, un buen tipo; pero un buen tipo de verdad, libre de hipocresías y en segundo lugar, vivir la Vida al completo; es decir desde el primer aliento del recién nacido hasta la última expiración que supone la muerte natural, no auto impuesta. Esto es muy importante porque supone que la Personalidad en ningún instante tira la toalla ni cómete el pecado contra el Espíritu Santo, llámese suicidio o mediante el subterfugio de la Eutanasia. Sobre el pecado del Espíritu Santo, los alumnos del Colegio, en estas páginas podrán encontrar mucha información.


Ahora bien, aunque la Vida del ser humano es relativamente corta, es lo suficientemente larga como para pasar por todo el proceso del “Objetivo de la Vida”. Los rosacruces lo conocen como el Proceso Iniciático de la  “Cristificación” y ésto es así, porque sólo Cristo, el Espíritu y Maestro Interior puede llevarlo a efecto. La Personalidad, por sí misma, no puede, dado que es invalida para poder hacerlo; en tanto que no posee recuerdos de un supuesto pasado divino o de hipotéticas e inexistentes encarnaciones anteriores; de otro modo, está desprovisto de las herramientas necesarias para, por sí mismo, cumplir con su propia Salvación.


Es durante el Proceso de Cristificación, generalmente al comienzo, que la Personalidad que desea ser bondadosa y busca la forma de poder serlo, se pone humildemente en manos de su Espíritu Eterno e Inmortal; de hecho, la única Entidad que en realidad importa y, lo hace de forma profunda y honesta, rogando esa ayuda que él por sí mismo no puede proporcionarse. Es entonces, cuando esa personalidad ya crecida, como fruta madura, bajo la tutela y dirección de Cristo se convierte en merecedora de poder ser salvada.


En el momento en que fallece el Cuerpo, por causas naturales, accidente u otros motivos no buscados, es que toda la información del Alma Material, incluida tanto la memoria como la conciencia, son trasvasadas a lo que se conoce como el Alma Inmortal y que no es otra cosa que el mismísimo Espíritu que está a punto de abandonar el Cuerpo material para regresar a su Hogar Celeste.


Ésta parte última del Proceso de Cristificación y que no es otra cosa que una Iniciación que se desarrolla en el Templo del Mundo, sólo puede completarse si la Persona y su Cuerpo permanecen intactos; es decir, que aquella no autodestruye su vehículo, el Cuerpo, antes de que el Espíritu pueda completar la última fase del Proceso y que acabamos de ilustrar. 


Así, el Objetivo de la Vida es crear una buena Personalidad que pueda servirle al Espíritu como vehículo de manifestación para todos los posibles mundos y por toda la Eternidad; pero recuerden que la Personalidad no puede, por sí misma, hacerse buena como mal entienden algunos masones. Ése proceso debe de ser dirigido, no forzado, por el propio Espíritu Eterno e Inmortal, el Verbo Creador, que holísticamente vive en todas las criaturas del Universo.


Es la Personalidad, en su profunda madurez, la que despierta a su impotencia como constructora de sí misma, quien solicita la tutela y dirección de su Ser Interno, su Maestro Interior y que no es otro que Cristo Jesús, el Verbo Creador de todo lo existente en el Universo y en el Plano Cuántico que envuelve a todas y cada una de sus infinitesimales partículas; y todo ello, con el fin de completar exitosamente el Proceso de Cristificación que supone el Vivir desde el principio hasta el final.


Estamos aquí para construir el vehículo de manifestación del Adam Celeste y, cada uno, de forma particular como un diminuto holograma más, del Holograma final que supondrá el nacimiento de un nuevo Eón para el Pleroma, el Cristo Cósmico En su Segunda Venida.


Frater Aralba R+C

Hermano Lego de la Fraternidad de la Rosacruz

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