“El Fenómeno OVNI”
-Entre la pareidolia y la histeria colectiva-
La nueva religión que comparten magufos, conspiranoicos y sectarios.
Al Ser Humano es mucho más fácil engañarlo o, mejor dicho, engañarse a sí mismo de lo que la gente está dispuesta a considerar. Para los efectos anómalos en el cielo, el mar o la tierra, no existe una única causa. Los ufólogos serios, existen de veras, llevan estudiando miles de causas que pueden provocar la visión de los denominados ovnis. La Mente Humana es muy, muy sofisticada; pero el engaño, la confusión entra por sus sentidos, ya sean la vista o el oído, básicamente; pero también por los del tacto, el gusto y el olfato.
Nuestro cerebro está programado para ver rostros, así se lo educa desde la más tierna infancia y viene de fábrica con ése algoritmo porque es esencial para la supervivencia del organismo humano y, consecuentemente, de la propia Especie.
Túmbese, cómodamente, en la penumbra de su habitación y dirija su mirada a las cortinas o la alfombra. Al poco, comenzará a ver rostros de personas o animales; pero también insectos y animales mitológicos. No tenga prisa con el experimento y continúe hasta comprobar, por sí mismo, que, efectivamente, su cerebro ve cosas que en realidad no existen; pero que, por el efecto pareidolia, construye y ésto sucede porque está programado para eso. Vamos a continuar con el mismo experimento; pero en otro lugar, acérquese al parque más cercano o siéntese en la terraza de su casa y comience a observar los árboles cercanos a su domicilio…
Exacto, no deja de ver entre las hojas de los árboles rostros, muchos rostros. Por aquí un perro, por allá un ogro, en ése otro lado una suerte de monstruo prehistórico. Usted, como yo, sabe que eso le viene sucediendo desde que era un niño o una niña; pero ya está tan acostumbrado que lo deja pasar sin darle la menor importancia; pero hoy estamos aquí para decirle, pare, pare un momento y vamos a meditar sobre éste asunto que es mucho más importante de lo que usted está dispuesto a creer.
Diga, en silencio conmigo; “Cierto, a la Mente se la engaña mediante la vista, está demostrado porque veo rostros y otras cosas allá donde no los hay” Algo parecido, es lo mismo, con las imágenes que nos llegan a la Tierra desde Marte y que relacionamos con cosas que conocemos porque están registradas en nuestra memoria. Son, eso es, las famosas pareidolias marcianas.
¿Por qué usted ve lobos, ogros, o rostros de personas, en lugar de naves espaciales o platillos voladores?: pues, muy probablemente, porque usted es un esporádico visitante de ése tipo de obras de Ciencia Ficción; pero podemos asegurarle que existe una cohorte ingente de gente que lo mismo que usted ve rostros de seres humanos o de monstruos legendarios, hay otros muchos que ven hombrecitos grises, reptilianos y hasta platillos voladores. Sí, porque son asiduos a ése tipo de espectáculos y ésas imágenes, igual que los rostros de personas o animales, ya se encuentran perfectamente registradas en las neuronas correspondientes del cerebro.
Sí, Exacto, le estamos diciendo eso mismo, usted está viendo marcianos y platillos voladores allá donde no existen, usted está viendo otras cosas, la Verdad no sabemos lo que sean; pero no son lo que usted cree que son. Lo mismo que un prestidigitador que conoce cómo funciona la relación vista-mente en los seres humanos, usted está siendo autoengaño por una ilusión óptica que su cerebro ha reinterpretado porque sí, inconscientemente, usted desea ver hombrecitos verdes y naves espaciales y, por supuesto, tarde o temprano usted los ve aunque sean meras ilusiones ópticas.
Unas nubes extrañamente colocadas y superpuestas, unas manchas de humedad en una pared, los charcos de agua depositados en el suelo tras la lluvia, usted ve cosas; pero cosas que reinterpretadas por su cerebro le muestra otras cosas que, en realidad, no existen ahí, en ése instante.
Por favor, con ello no queremos insinuar que todo el fenómeno OVNI sea una sucesión de pareidolias videográficas; pero es importante que considere que el fenómeno existe y si no es hoy, quizá mañana usted mismo pueda ser una víctima de tales ilusiones y sí, una pareidolia no es producto de la imaginación del Hombre sino de una relación íntima entre la vista y nuestros registros cerebrales y que nuestra conciencia describe de un determinado modo. Con ello queremos indicar que las pareidolias no son un efecto sólo individual, sino que puede ser colectivo. Si usted ve un rostro, desde su misma perspectiva otros verán lo mismo que usted; pero recuerde que decimos perspectiva y eso quiere decir, desde su mismo ángulo de visión; es decir que si usted llama a su hijo pequeño y le dice mira, Hijo, ves un rostro en las ramas de ése árbol, evidentemente el niño no lo verá o verá otra cosa porque al ser más bajito su ángulo de visión no es el mismo. Para que su hijo vea lo mismo que usted, deberá elevarlo y situarlo a la misma altura de sus ojos y, ¡alehop!, su hijo verá lo mismo que usted está percibiendo.
Los ovnis existen y no sabemos lo que son, de veras, pueden ser cualquier cosa y sólo mediante la investigación seria puede resolverse, cada caso, de forma individual. Si usted ve un rostro seguro que no es el rostro de Dios o del Diablo sino un conjunto de nubes que reflejan la luz de un modo determinado y que, desde su punto de vista, su cerebro interpreta como un rostro; pero el fenómeno anómalo desconocido puede ser interpretado por usted; es decir, por su cerebro, de otros modos, una nave espacial inexistente o un platillo volador lleno de hombrecitos grises, cuando quizá sólo sea una bola de plasma creada por algún extraño fenómeno meteorológico interactuando con otro extraño fenómeno geológico.
Sólo quiero que, hoy, tenga en consideración que lo mismo que un ilusionista, en un espectàculo circense, puede hacerle creer que la moneda aparece y desaparece con la ayuda de un pañuelo; del mismo modo, aunque de forma fortuita y no planificada, su vista puede transmitir a su cerebro señales que serán interpretadas de forma errónea.
Por lo tanto, querido amigo, querida amiga, no crea en todo lo que vea, sobre todo si se trata de un flash recibido por el rabillo del ojo. Cambie de ángulo, muévase un poco y agáchese y sobre todo, tenga en cuenta que estos fenómenos pueden observarse de forma colectiva, pues si el evento se encuentra lo suficientemente lejos, la perspectiva seguirá siendo la misma para todos los testigos.
No sea rápido a la hora de decir, públicamente, he visto un ovni. Sólo cuando el fenómeno lo haya observado, de forma consciente, desde diversos ángulos y siga viendo lo mismo todas las veces, podrá confirmar que ni su vista ni su cerebro, en una primera impresión lo están engañando.
No todo lo que ve es real y casi nada de todo lo que vemos es verdad. No sea engañado por una ilusión ni transmita su propio engaño a un rebaño deseoso de creer en el misterio y en lo maravilloso. Dios existe, claro que sí; pero podemos asegurarle, que no podrá ser visto por nuestros ojos, aunque sí comprendido por nuestra mente.
Frater Aralba R+C

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