08 julio, 2026

La Conciencia

 “La Conciencia”


-Todas las cosas poseen un determinado nivel de conciencia y pertenecen a una única Conciencia-


¿Quién nos susurra al oído aquello que transmitimos? ¡Todos somos Uno!


Existe algo que se denomina como “Gnosis” y que no es otra cosa que la Sabiduría o Conocimiento de Dios. La Gnosis; de hecho, es consustancial con Dios en cualesquiera de sus infinitas manifestaciones. Por lo tanto, sí, no hablamos por nosotros mismos, aunque sea con nuestras propias palabras, sino por la Gnosis, en tanto que nos ha permeado, de tal modo, que vivimos, respiramos y nos alimentamos de Ella.


No hay un Ángel Moroni, Gabriel o Miguel que nos diga, mientras dormimos, lo que tenemos que decir. No existe un Tibetano, Moyra o Saint Germain que nos dicte aquello que ustedes deban de conocer; no, no somos marionetas de ángeles, demonios, maestros ascendidos o hermanos mayores de la Rosacruz. Que somos una suerte de paje o enviado, no les quepa duda alguna; pero podemos asegurarles que no se nos ha proporcionado algún tipo de catecismo y al que debamos ceñirnos como si la Vida nos fuera en ello.


Los panteístas tienen razón en unas pocas cosas y, una de ellas es que Dios se encuentra en todas partes y en todas las cosas, también en tí, también en nosotros. La Esencia de Dios no permite los espacios verdaderamente vacíos y ésa Esencia no es una cosa sino infinitas de ellas, también la Conciencia.


Deberíamos comenzar diciendo que sólo existe una sóla cosa, eterna, infinita y preexistente. Ésa cosa es Dios y Dios no es sólo Mente e Inteligencia, también es Conciencia y, como habrás podido deducir, nosotros poseemos una minúscula porción de dicha Conciencia. Así, todas las cosas, en el Universo y en mayor o menor medida, poseemos algo de dicha Conciencia. Los animales, los insectos y los seres unicelulares, todos tenemos un cierto Grado de Conciencia. Por supuesto, Dios Padre tiene la capacidad de acceder, automáticamente, a nuestra conciencia, pues es parte de su propia conciencia. Sin embargo, nosotros, cada uno en su individualidad, sólo tiene acceso a esa parte de conciencia que le haya tocado y por más que lo intente, su conciencia es la que es y no hay más.


Por otro lado, todos estamos nadando en un mar de Gnosis; pero una Gnosis que, además, nos penetra por los poros y ocupa todo nuestro Ser; es decir, todos, absolutamente todos, tenemos acceso a la Gnosis, el Conocimiento de Dios; pero no todos han sido llamados a interpretarla y comunicarla a los demás.


En ése sentido, los profetas no son personas especiales; pero sí es cierto que han recibido una misión, la de propagar la Palabra de Dios, su Divino Conocimiento, la Gnosis y cualquiera, bien decimos cualquiera, que reciba la Palabra de Dios, a poco que se esfuerce, sabrá que esa Palabra es de Dios y no de Hombre y ¿Por qué puedes saberlo y entender que no estás siendo engañado? Porque la Gnosis, cómo venimos diciendo, es Universal y mora en todas las cosas, también en nosotros. Así, cuando recibimos la Gnosis por las palabras de alguno de sus profetas, entendemos que es la Verdad, pues algo resuena en nuestro interior. De otro modo, la Intuición nos indica que lo que se nos cuenta es verdad porque sentimos que es así y, además, nos resulta un sentimiento muy antiguo, como olvidado y que alguien nos ha venido a recordarlo.


Por favor, no se trata de orgullo, arrogancia o creerse uno por encima de los demás. No se trata de eso, simplemente cumplimos con un vocacional ministerio que se nos ha encomendado. Un ministerio que, no vayan ustedes a creer, fue aceptado desde temprana edad. No, por el contrario hemos tenido que luchar contra nosotros mismos, como pasara con Jonás, hasta perder la vergüenza y el pudor para mostrar la Palabra de Dios, sin importarnos las burlas y opiniones de los demás. De hecho, es algo que no vamos a molestarnos en debatir. Lo importante es que entiendan que Dios, desde su interior, les viene hablando de forma ininterrumpida y su deseo es que lo oigan.


Nuestra única misión es decirles lo que acaban de leer. Ciertamente lo venimos diciendo con miles de palabras y modos diferentes, desde hace décadas; pero en el fondo es sólo eso: “No hagan caso del ruido exterior”, “Escuchen la voz que, desde su interior, les habla”; una voz que jamás les va a mentir y que, a poco que pongan atención, sabrán a Ciencia cierta que es la Verdad.


No es necesario que se pongan un sonotone, de veras.


Escuchen, ya.


Frater Aralba R+C





No hay comentarios:

Publicar un comentario