“Los demonios no son lo que te han contado”
-Tu Cuerpo es un animal bípedo ocupado por un demonio; mejor dicho, por una legión de legiones de demonios-
Cuando se trata el Tema de los demonios es para echarse a temblar; dado que, la iconografía los ha venido representando, desde tiempo inmemorial, con aspectos terribles que provocan miedo, pánico y terror.
La palabra demonio procede del latín daemōnium, y éste del griego antiguo daimónion, un derivado de daímon, que significa: divinidad o espíritu.
Con ésta breve explicación podríamos acabar nuestra reflexión de hoy, pues queda claro que el Término “Demonio” se refiere a Espíritu o Divinidad que, en el fondo es lo mismo, dado que el Espíritu procede de la Divinidad y toda la Divinidad; es decir, Dios o el Pleroma es, en esencia, Espíritu. Lo que, además, permite recordarnos que todo lo que existe procede del Espíritu y no al contrario.
En realidad, todo está constituido, hasta en sus partículas más diminutas e invisibles, por Esencia etérica Espiritual; es decir, por espíritus. Así, todo lo existente, incluyendo a las plantas, los minerales y gases, los animales e insectos y nosotros mismos, está constituido de Espíritu y, consecuentemente, de demonios, según la terminología griega.
El demonio o demonios de las religiones son un constructo artificial creado para provocar miedo entre los creyentes. Un miedo que es la encarnación del temor a una Divinidad, o a las terribles consecuencias de no cumplir con el mandato de dios. Un mandato, serie de reglas, por cierto, que siempre han sido creadas para controlar y manipular a grandes grupos de población, en favor de una pequeña cúspide que regenta el poder; de otro modo, las religiones oficiales, de Estado, se constituyen para dominar a la Población mediante el control de un relato religioso y que, para los creyentes, es un asunto de Fe o creencias absoluta y sin fisuras, fanatismo religioso.
Así, si el sacerdote, al servicio del Emperador y, en tanto que se supone intermediario entre el Dios y sus feligreses, le dice al Pueblo que algo está bien o está mal, que hay que hacer alguna cosa y no otras, la feligresía, generalmente, todo el Pueblo, seguirá dichas palabras a costa de todo, incluso de perder la propia Vida. Ése, como comprenderàn mis amigos, es el origen del Fanatismo
sustentado en dogmas y doctrinas creadas para manipular la mente de las personas.
En cada Ser Humano o, mejor dicho, en cada entidad existente, no vive un sólo demonio sino una auténtica legión de demonios, recuerden, “espíritus”. Para no complicar, de un modo innecesario, el relato nos ceñiremos exclusivamente al Ser Humano; pero sepa, nuestro amable lector, que lo que sigue se puede extrapolar a cualquier tipo de criaturas existentes.
Dentro de cada Ser Humano vive una inmensa legión de demonios que, a modo de un tarro “la Personalidad” lleno de canicas “egos”, conforman cada uno de ellos, individualmente, lo que los rosacruces han denominado como “egos”; recuerden, egos en minúscula. Cada uno de esos egos, espíritus o demonios, se encarga de una célula, una neurona, una glándula o partes de algún órgano cualquiera. Visto así, nuestro sufrido amigo, puedes entender que nosotros, en tanto que Cuerpo y Alma, somos una Colonia habitada por miles e, incluso, millones de habitantes espirituales; es decir, demonios.
Esos egos, recuerden en minúscula, funcionan de un modo piramidal y jerárquico, conformando lo que se denomina como Personalidad o Alma Personalidad; es decir el Ego en mayúsculas; de otro modo, el Alma Personalidad o Ego (por favor, no confundir con el Espíritu de Cristo que también mora en nosotros), no es una Individualidad, sino un conjunto o colectivo, perfectamente sincronizado, y que actúa como si de un único individuo se tratara. Ésto, claro está, cuando no sucede algún tipo de disfunción patológica dentro de la Jerarquía y que se traduce en algún tipo de padecimiento psicológico o enfermedad mental. Ésto qué aquí estamos tratando, esa posible rebelión dentro de la jerarquía egoica o demoníaca, sucede siempre que no se haya completado el Proceso Crístico, conducente a la Transfiguración; en tanto que, cuando el verdadero Espíritu Divino, Cristo, que mora en el interior nuestro, despierta y es sentado, por el propio Ego, en los tronos de las emociones y de la Mente, la desestructuración del Alma Personalidad ya no es posible. En la Personalidad normal; es decir, no cristificada, los egos líderes que mantienen, en un equilibrio imperfecto, la estructura piramidal de la Personalidad, estàn sujetos a perder, bajo determinadas circunstancias, el liderazgo de su Personalidad, resultando de ello un caos que suele traducirse en una Vida desastrosa cargada de vaivenes emocionales, miedos y ataques de pánico que pueden desembocar en trastornos graves de la Personalidad y, en donde el supuesto individuo siente haber perdido el control de su Vida.
Tranquilícese, nuestro amigo, las posesiones diabólicas de las religiones son un engaño para inducir, en su Mente, miedo y poder controlarlo mejor. Ningún Espíritu de fuera de usted puede poseerlo, háganos caso. El Enemigo de la disfunción se encuentra dentro de todos nosotros y se trata de la fragilidad del constructo piramidal, de pequeños demonios, egos, que conforman nuestra Alma Personalidad. Perder los estribos es la forma más simple de entender qué sucede con nosotros cuando, en el liderazgo de nuestra alma Personalidad, se producen luchas intestinas, entre diferentes egos, por el control del conjunto. En muchas ocasiones los egos líderes de la Personalidad se sienten tan poderosos que se convierten en arrogantes y piensan que ellos jamás perderán el control; pero, cuanto mayor sea la arrogancia, mayor es el peligro de que, en su interior, se produzca una rebelión de egos; es decir, demoníaca y la Persona termine de traspasar las fronteras de la Locura.
La única y posible cura, mejor aún prevención de que esos terribles sucesos psicológicos pudieran producirse, sería comenzar el Proceso de Cristificación, que consiste en despertar al verdadero “Ego” o Cristo Interno, también conocida como la parte del Alma Inmortal, que mora en el interior de todos nosotros y que éste Espíritu, eterno e Inmortal, procedente del propio Creador del Universo, tome el control de la maquinaria biológica y psíquica que supone nuestra Naturaleza Animal.
Una vez que Cristo, el Yo Superior o Maestro Interno tome el control, no hay forma de que la estructura egoica, demoníaca, de la Personalidad, pudiera desestructurarse, produciendo, en unos casos, la curación y en otros impidiendo enfermar a quienes han completado el Proceso Crístico.
Así, cuando escuchen la Palabra Demonio, no se pongan a temblar por la cantidad de cuentos y mentiras que les han contado, porque los demonios no viven fuera de ustedes sino que se trata de las legiones de espíritus encargados de mantener en funcionamiento su estructura orgánica. No hay que echar o destruir a los demonios, sino controlarlos y sólo hay un modo de hacerlo de forma eficiente: Entronizar a Cristo en el trono de nuestro Corazón, primero y de la Cabeza, después.
Una vez que sea Cristo quien gobierne, al completo, nuestras vidas, no hay forma de que los demonios entren en rebeldía y en luchas intestinas.
Es muy importante conocer todo esto para que aprendamos a convivir con lo que somos, meros demonios, atrapados en una estructura de carne y huesos y que la única solución consiste en rendirnos ante el Amor de Cristo, nuestro Dios y Señor.
Frater Aralba R+C

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