10 septiembre, 2026

El Séptimo Día

 “El Séptimo Día”


-¡Dios está muerto como Entidad; pero vive en su Creación ¡Ahora todo se entiende!-


Es todo simbólico. Lo que nadie cuenta es que aún nos encontramos en ése día en que Dios está descansando y es la causa de que Dios no haga presencia ni se lo pueda ver en ninguna parte. Y ¿Donde se encuentra el Creador descansando?, ésto tampoco lo cuenta nadie: pues en su propia Creación; en tanto que Dios hizo todas las cosas de sí mismo y en sí mismo, como dijera Spinoza: Todo es Dios. Mires donde mires encuentras a Dios, tú mismo eres Dios, tú mascota es Dios y ésa cucaracha tan molesta es Dios. Por dicha causa no podemos ver ni sentir a Dios, porque está tan cerca de nosotros como dentro de nosotros mismos. Todos y Todo formamos a Dios y las partes fragmentadas no somos capaces de verlo. En ése sentido, el descanso de Dios, según Nietzsche, supone su muerte como el Creador para convertirse, él mismo, en su Creación. No sólo vivimos en Dios, somos el mismo Dios.


“El séptimo día terminó Dios lo que había hecho, y descansó.”

(Génesis 2:2)


“¿No habéis oído hablar de aquel loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado, gritando sin cesar: "¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!"? —Y como precisamente estaban allí muchos que no creían en Dios, provocó grandes risas. [...] El loco saltó en medio de ellos y los miró fijamente con la mirada. "¡¿Adónde se ha ido Dios?! —exclamó—. ¡Os lo voy a decir! ¡Le hemos matado: vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos!" 

(La Gaya Ciencia, aforismo 125, Frederic Nietzsche)


Madame Blavatsky se atrevió a decir que un octavo de la Población Mundial, actualmente unos mil millones de individuos, serían personas vacías de Espíritu; es decir, desposeídas de Alma Inmortal. Bien, podemos afirmar, con rotundidad, que es justo al contrario; es decir, entre un ochenta y un noventa por ciento de la Población son meros figurantes y cuya existencia se resume a su vida en la Tierra y punto; o sea, sin la posibilidad de trascender a la Muerte. Esto quiere decir que la inmensa mayoría de los habitantes del Planeta son meros clones puestos como meros figurantes, ni siquiera personajes secundarios, incluidos para completar el paisaje del Teatro de la Vida. Sólo una pequeña minoría serían seres espirituales depositarios de un fragmento del Dios Creador, el Demiurgo de los gnósticos.


Sí ustedes se percatan, la mayoría de la población son meros obreros sin iniciativa ni imaginación que hacen lo que se les dice. Probablemente sean padres de familia y su finalidad en la Vida sea dar buenos estudios a sus hijos, a base de su esfuerzo laboral, tener un buen coche y una buena casa; eso sí, sin olvidar las vacaciones en la playa y asistir a los eventos deportivos de su equipo de fútbol; pero, a parte de lo enunciado, poco más aportarán al bagaje cultural de la Humanidad. Con mucha probabilidad serán unos muy buenos estudiantes y con una memoria prodigiosa; pero nunca proporcionarán, a la Humanidad, ni un descubrimiento, una invención o un mero poema original o historia de ficción. Con mucha probabilidad sean grandes traductores, mejores compiladores de libros de texto e incluso biógrafos; pero nunca podràn ser ni ensayistas ni buenos novelistas; de otro modo, poseen la incapacidad innata de ser verdaderos creadores intelectuales, de lo otro, biológicamente, pueden ser tremendamente productivos.


¿Por qué exponemos esto? porque los clones no pueden entender que Dios viva en su Creación, a pesar de ser una Idea, como poco, bastante lógica. Los clones, mal llamados seres sin alma además de encontrarse vacíos de un Espíritu Inmortal, no poseen capacidad para comprender las cosas espirituales. Ellos pueden ser grandes doctores en Teología o en Historia de la Filosofía y hasta grandes compiladores de argots filosóficos; pero, al estar desposeídos de chispa de espíritu no pueden entender a Dios más que como una figura separada del Hombre y de su Creación, precisamente las mismas entidades que nos presentan las diversas religiones. Son personas, probablemente muy eruditas; pero incapaces de emitir el más básico pensamiento filosófico original; es decir, que no haya sido ya emitido.


Dios no se encuentra en las religiones sino en tí, en mí y en todo lo que nos rodea; pero no estamos hablando de mero panteísmo; sino de algo mucho más complejo y profundo. Dios no es un cacho o parte de algo, es la Conciencia Universal de la que surge la Madre Sophía, fuente de la Naturaleza o Seno materno en el que el Hijo, el Verbo, el Demiurgo crea todo lo que existe; pero Sophía, la Madre o La Espíritu Santo de los Rosacruces no es una parte cercenada del Dios Padre, el Pleroma, sino una manifestación del Pleroma así como el Hijo, el Demiurgo o Cristo también es una manifestación del Pleroma, la Voluntad o partes activa, del mismo modo que Sophía es la parte Pasiva del Pleroma, necesaria para que la Voluntad, el Hijo, pueda manifestar la Creación y a ésa Creación pertenecemos tanto tú que nos lee como yo.


En realidad el Espíritu de Dios lo permea todo, en tanto que fuera de Dios es ilógico que pudiese existir algo, ni siquiera el vacío o la nada, lo que supone que la Creación mora en el Seno de Dios y ese Seno, ese Éter Cósmico es Sophía; pero lo que nos proporciona la consciencia y el Alma eterna e Inmortal es Cristo, el Verbo, el fragmento que todos los seres conscientes llevamos dentro, desde justo el final del sexto día de la Creación. A partir del día Séptimo, el Demiurgo, el Verbo Creador, el Hijo, se disuelve en su Creación para proporcionarle Vida; es decir darle un Alma.


Todos los seres, incluso los clones, estamos constituidos de Éter del Espíritu de Dios; pero también del Alma del Verbo Creador; pero sólo unos pocos poseen la chispa de espíritu de Cristo y que podría ser despertada y alimentada para proporcionar al Alma mortal de la Personalidad, la inmortalidad del Espíritu de Cristo, Eterno e Inmortal.


Si no eres capaz de haber llegado hasta aquí o eres incapaz de comprender lo que aquí se dice, lamento decirte que, con mucha probabilidad, no seas otra cosa que un figurante de cartón piedra, en el Drama de la Vida, y cuya finalidad sea meramente figurar; es decir, servir de elemento ornamental del paisaje teatral que es la Vida; pero, por el contrario, si has sido capaz de llegar hasta aquí, con mucha probabilidad formarás parte de ése diez a veinte por ciento de seres humanos que pueden ser llamados Hijos de Dios.


Frater Aralba R+C

Hermano Lego de la Fraternidad de la Rosacruz 


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