21 junio, 2026

Descubrir la Verdad es como completar un enorme puzzle

 “Descubrir la Verdad es como completar un enorme Puzle”


-Las cosas que hoy parecen una cosa, mañana resultarán diferentes-


La Verdad es una suerte de infinito conjunto, dividido por infinitos subconjuntos denominados realidades; es decir, las realidades son reales, claro que sí; pero, en modo alguno son la Verdad; en todo caso, las realidades son una parte minúscula de la Verdad.


Pongamos, por caso, un inmenso puzzle de más de mil piezas y en donde cada pieza sería, en sí misma, una realidad completa.


Hemos hablado del Universo como un Huevo Cósmico; pero también podríamos tratarlo, metafóricamente, como ese puzzle mencionado y en donde las piezas, caóticamente, se encuentran desordenadas. Así, nuestros sufridos lectores entenderán que es muy difícil entender y descubrir cuál sea la Verdad, independientemente de las realidades que nos toque vivir; es decir, de las piezas del puzzle en la que podamos encontrarnos ubicados.


La Verdad es cómo ése puzzle que se va, poco a poco completando; del mismo modo que un Huevo se va gestando, desde un aparente caos de fluidos genéticos, para al final eclosionar, completamente formado, el Ser que deberá de nacer.


El Universo, como ése puzzle desordenado o ése huevo en gestación y en donde cada célula está luchando por ocupar el sitio que le corresponde, se va modificando y continuamente cambiando su realidad con cada movimiento. Por lo tanto, es básicamente imposible conocer cuál será el resultado final o, dicho de otro modo, conocer la Verdad. Podemos conocer nuestra Realidad actual y, a lo sumo, intuir por la experiencia de nuestra realidad ¿Cuál podría ser la definitiva Verdad?; o sea, cuál sería el resultado final, una vez completado el puzzle o eclosionado el Huevo cósmico del Universo.


Ése es el verdadero motivo del por qué, las realidades cambiantes no pueden mostrarnos la Verdad definitiva. 


La Gnosis nos muestra la parte de la verdad que le corresponde a nuestra presente realidad; pero éso no quiere decir que vaya a ser la Verdad definitiva. Ésta es la causa de que la Gnosis se encuentre peleada con los dogmas. La Gnosis no admite los dogmas porque los dogmas son incompatibles con la Verdad; en tanto que, la Verdad absoluta, dentro de una realidad limitada, no puede ser.


Así lo que ayer era cierto, hoy posiblemente ya no lo sea y lo que hoy pensamos que podría ser la verdad, podría mañana ser muy diferente de lo que en verdad sea cuando el puzzle del Universo haya sido completado o el Huevo cósmico, una vez gestado, termine por eclosionar.


Así, mantener dogmas del pasado porque grandes sabios, profetas y mesías, en su momento, así lo decidieron es un gran error que va en contra de los principios básicos de la Gnosis.


Una cosa es cierta: con el paso del tiempo las piezas del puzzle se van colocando en sus lugares adecuados y las realidades que nos muestran, a cada paso, se parecerán más a la verdad definitiva; pero, hasta que ése resultado no se complete, será imposible conocer la Verdad en su plenitud; es decir, conocer la verdadera Naturaleza de la Criatura Divina que eclosionará del Huevo Cósmico que es el Universo.


Así, aferrarnos con uñas y dientes a las ideas heredadas de nuestros ancestros, hace que nos enquistemos en realidades del pasado y que impedirán que el puzzle pueda progresar para que conozcamos, al final del proceso, la Verdad.


Por ello los gnósticos y, consecuentemente, los rosacruces siempre trabajan con realidades provisionales, pues conocen que la verdad no es algo consustancial con la naturaleza del Huevo cósmico que es nuestro Universo. El Pleroma, en suma, es la única Verdad y nuestro Universo sólo es una parte de la verdad en formación y hasta que no se complete el proceso gestante sólo podremos hablar de realidades provisionales. De ahí la humildad del Gnóstico, en tanto que reconoce que vive en un Mundo de Ignorancia y donde él es ignorante; pero, por otro lado, el Gnóstico posee una conexión directa con la Verdad mediante su Chispa Espiritual, el Cristo que mora en su interior.


La Personalidad o Alma mortal no puede conocer la Verdad pues vive en su diminuta realidad y, desde su perspectiva, no puede visualizar cuál podría ser el resultado final de haber completado el puzzle; pero Cristo sí conoce la Verdad, pues Cristo procede del Pleroma; de hecho, sigue existiendo en el Pleroma mientras comparte su existencia con la misma realidad del Alma Personalidad. Sólo, cuando tras el proceso Crístico conducente a la Transfiguración se complete, es que el Alma será asimilada por el Espíritu de Cristo y, consecuentemente, el Hombre, su Alma, podrá conocerse así como es conocido por su Señor Dios, el Cristo. En ése punto, dado que el Alma y el Espíritu ya son sólo Uno, es que la Verdad resplandecerá y podrá ser conocida y donde todas la realidades posibles serán vistas como lo que siempre han sido, las piezas desordenadas de un puzzle por completar; pero ahora, ya sí, completado y con cada pieza en su lugar.


Y ése Puzzle, ésa Criatura gestante y que deberá de eclosionar es un Eón, el Hijo del Pleroma, el Padre, y de Sophía, la Madre. Ésa Criatura Divina que no es un nuevo Dios sino una nueva faceta del único Dios, el Pleroma, es el Unigénito Hijo, Cristo, el mismo Dios; pero en otra faceta, la del Hijo sentado a la diestra del Padre.


Por lo tanto, tómense las realidades aparentes como procesos sin acabar y que se encuentran en ciernes de ser completados.


Por eso la Gnosis no puede, jamás, ser dogmática en sus postulados sino flexible y siempre abierta a cómo las diferentes realidades vayan evolucionando y asentándose en la parte del puzzle que les corresponde.


Así es como piensa el Místico, siempre abierto a la sorpresa que el Destino le depara y aceptando, con agrado, la realidad que le toca vivir, a sabiendas de que pase lo que pase y suceda como suceda, al final, todo será para bien y que el resultado final será bello, verdadero y luminoso, cargado del profundo Amor procedente del Pleroma, el Padre de Amor.


Frater Aralba R+C

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