“Optimismo ingenuo vs pesimismo fatalista”
-Todo nacimiento va acompañado de sufrimiento-
Nos encontramos en un Mundo que se mueve de forma dual, de un modo analógico entre dos extremos; es decir, que además de los contrarios existen múltiples pasos intermedios; grises diríamos, si nos refiriésemos al blanco y al negro. Ese vaivén, constante, entre el máximo positivo y el máximo negativo, a la Conciencia le produce una sensación determinada y que, la Humanidad, ha determinado que se llame felicidad o bienestar y desdicha o sufrimiento.
Ésto, lo que sigue, es nuevo en la Gnosis, somos conscientes de ello; pero lo que denominamos como bien y mal o bueno y malo no son otra cosa que diferentes variaciones de la misma dualidad que rige el Mundo y el Mundo, el Universo en su conjunto, como ya hemos dicho, no es otra cosa que un Huevo de proporciones cósmicas y donde se está gestando un nuevo aspecto del Pleroma; es decir, el sufrimiento no es más que un efecto secundario del Proceso de gestación de ésa unidad Cósmica por venir, y de la que nosotros, los humanos, así como el resto de seres y cosas, no seríamos otra cosa que diminutas protocélulas implicadas en el proceso de gestación de la Entidad Divina y de su propia Conciencia, el Treceavo Eón o Cristo Cósmico y Adam Kadmón.
Es cierto, como dicen los maestros rosacruces, que hay que desconfiar de todas aquellas doctrinas que amenazan con el infierno y cosas peores. Sí, ciertamente la vida es muy dura y en muchas ocasiones resulta hasta cruel; pero eso no significa que el Mundo sea intrínsecamente perverso, aunque lo parezca. Evidentemente, aunque el escenario de la vida se ha tomado como una suerte de internado escolar, una prisión o una granja por otros; lo cierto es que se trata de un Universo cerrado, un Huevo Cósmico, donde se gesta una nueva faceta de Dios, un Eón, el Cristo. Bien, el que nuestro Mundo no sea las cosas antes mencionadas, tampoco se puede aceptar que sea una suerte de parque de diversión con atracciones diversas. Y aunque no lo sea, la Verdad es que muchos así se lo toman, poniendo sus vidas en peligro intentando batir récords en aventuras que pondrían los pelos de punta a cualquiera; pero bueno, sea así, en tanto que el libre albedrío nos asiste y cada cual puede tomarse la Vida como mejor lo considere.
No obstante, haga cada cual lo que le salga de dentro, entendemos que es de vital importancia conocer la Verdad para saber, en cada instante, a qué atenerse con el fin de no acortar, de forma innecesaria, la Vida y terminar cumpliendo con nuestro Destino; ya sabéis, ésa suerte de guión previo y que fuese escrito en el Libro de la Vida antes de proceder a nacer.
Así, vemos que tanto la ingenuidad optimista como el fatalismo pesimista son caras opuestas de una misma moneda, la Ignorancia. Así, tanto la fortuna como el infortunio son frutos del dejarse llevar por las corrientes fractales del Caos. Unas veces, al ponernos a favor del viento, sin buscarlo, la suerte nos sonríe y otras, por el contrario, el infortunio nos tortura. Cuando la Vida sonríe, por bastante tiempo, quienes se benefician de dicha fortuna suelen hablar muy bien de la Vida; pero éso es porque no son capaces de ver lo que sucede a su alrededor. Son gentes optimistas sí; pero, al mismo tiempo egoístas por no compartir su fortuna con los más desfavorecidos y, por ello, ignorantes, en tanto que el egoísmo es uno de los frutos más cercanos a su madre, la ignorancia. Unos pocos de aquellos a los que la Fortuna les ha sonreído, siendo más avispados y habiendo escuchado acerca de la Ley del Toma y Daca, pensando que la Vida es una suerte de Libro de Contabilidad, se comportan como benefactores, filántropos los llaman; pero éso no evita su supina ignorancia, en tanto que su suntuosa Vida con mansiones, yates y jets privados no compensan su interesada caridad. Así, éstos, creyendo poner a buen recaudo su salvación gracias a sus pequeñas dádivas para con los más desfavorecidos, se encuentran en situación igual o parecida a los meros egoístas ignorantes. De hecho, la caridad debe de surgir del corazón; es decir, de forma desinteresada, no pensando en algún tipo de banco y contabilidad divinos, porque de actuar así, sería pura hipocresía; pero a Dios, el Dios de nuestro Corazón, no se lo puede engañar, pues conoce hasta los más intrincados secretos de nuestros corazones.
El caso del Pesimista, en la forma es muy diferente; pero, en el fondo, el resultado es el mismo. La vida para él es una prisión espantosa y por lo tanto, mediante su propia actitud de pensamiento, aleja de sí a la fortuna; por lo tanto, vive a salto de mata y de día en día. Siempre quejándose de lo mal que le va la Vida, sin darse cuenta que, probablemente, sea un privilegiado al lado de mucha gente que se encuentra más cerca de él de lo que pudiera imaginar. Tan concentrado se encuentra en su propio pesar que no tiene tiempo alguno para ocuparse de los demás. Porque no estamos hablando de dinero, sino de tiempo para practicar la empatía y acompañar a los demás para que su sufrimiento pudiera ser más llevadero. Al final, veis que tanto en el caso del ingenuo optimista como del fatalista pesimista, nos encontramos ante un problema de ego y, consecuentemente, de ignorancia.
Estamos en éste Mundo para desarrollar un Trabajo muy específico, cada cual sabe de qué va la cosa a poco que profundice en su interior. De verdad que no se trata de apuntarse a alguna ONG y poner nuestra Vida y dinero al servicio de los demás. No se trata de eso porque hacerlo también puede ser una manera de lavar nuestro complejo de culpabilidad y eso sería una muestra más de apego y aquí no estamos para apegarnos ni al Mundo ni a sus cuerpos físicos; de hecho, si la Vida fuese una Escuela, en parte lo es, sería una de desapego y donde fortalecer la ilusión de la individualidad; pero cuando conoces que, en lo profundo, tal cosa, la individualidad, no existe sino que es un espejismo, en tanto que todos somos Uno, todo se aclara y cobra sentido. Hay que ser empático, claro que sí; pero sin forzarnos para poder serlo. Debemos de ser caritativos, por supuesto; pero sin esperar algún tipo de recompensa a cambio. Debemos de ser buenas personas; pero tal cosa tiene que salir de lo más profundo de nosotros. No se trata de seguir algún tipo de disciplina para mejorar nuestra situación emocional; es decir, sentirnos agusto con nosotros mismos; pero entonces ¿Cómo eso se hace?
Para el Cristiano Pietista Rosacruz es sencillo, dejar que sea Cristo, nuestro Maestro Interior, nuestro Señor y Dios de nuestro Corazón, quien tome las riendas de nuestras vidas y nosotros, en tanto que Personalidades, dejarnos llevar. Porque es Cristo quien debe de llevar las manos en el volante del vehículo que somos nosotros. Nosotros somos el vehículo, el automóvil, y salvo en condiciones muy concretas no deberíamos llevar el control de la ruta, salvo que, más tarde o temprano, queramos sufrir algún accidente. Debemos dejar que sea el propietario del vehículo quien lo gobierne con su conocimiento y sabiduría.
Creemos haber dejado claro que el máximo esfuerzo que debemos de realizar es dejarnos caer en los brazos de Cristo y que sea él, el Señor Dios, el que dirija nuestras vidas por el Camino que él mejor considere; porque si seguimos nosotros conduciendo nuestras vidas, sin algún tipo de ruta o GPS, en realidad vamos a ciegas y así, cómo podréis comprobar, nos dirigimos a un destino, como poco, incierto y desconocido; pero trágico.
El Huevo Cósmico, nuestro Universo, del que saldrá el Treceavo Eón, el Cristo Cósmico, y del que todos nosotros deberemos de formar parte, conlleva todo un proceso de gestación dolorosa y donde toda la sustancia, el Éter, se encuentra en permanente transformación y cambio, hasta que llegue el momento de la eclosión. Mientras no llegue la hora del nacimiento, desgraciadamente, el sufrimiento seguirá siendo una constante en todos los rincones del Universo; pero una vez finalizado el proceso y eclosionado el Ser gestante del Huevo, la lucha entre los opuestos de la dualidad desaparecerá y sí, entonces sí, el sufrimiento y el dolor habrán dejado de ser para dar paso al bienestar permanente, la satisfacción y la felicidad de saberse, de forma consciente, uno con Cristo, quien como faceta del Dios Padre, el Pleroma, se encuentra sentado a la derecha de su Trono celestial.
Pero mientras no acontezca el final, debemos abanderar los pendones de la Esperanza, la Fe y el Amor para con los demás y, consecuentemente, para con nosotros mismos, porque si somos capaces de amarnos a nosotros mismos y a nuestros semejantes, también estaremos amando a Dios; en tanto que todos somos parte de su Ser. Todos, de un modo u otro, a semejanza de los eones, somos diminutas facetas conscientes de Dios; eso, mientras que Jesucristo more en nuestros corazones.
Frater Aralba R+C

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