25 abril, 2026

La suicida envidia

 “La suicida Envidia”


-La enfermedad del Alma que la corrompe desde el interior-

 "No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros."

(Gálatas 5:26)


"Porque donde hay envidia y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa."

(Santiago 3:16)


Sí existe un Hijo terrible de la Ignorancia, ese es la Envidia. La Envidia es algo así como un arma suicida surgida del caos y que no distingue entre su objetivo y quien pusiera en marcha el detonador. Es como una onda expansiva circular que destruye todo lo que se encuentra en su camino, incluso, y sobre todo, a quien sacó a la Bestia de su jaula.


La envidia es algo contra natura, pues hace que los seres humanos olviden sus verdaderos objetivos y se centren en ser, tener o superar a su vecino, a su compañero, a su familiar; en definitiva, a su rival elegido. Así, la envidia aunque, en principio, parece buscar sólo más posesiones materiales que el otro, lo que termina consiguiendo es que el caos la siga de cerca. Un caos destructor que también funciona como un cáncer que devora, desde dentro, al envidioso, impidiéndole cumplir con sus objetivos previstos en su Libro del Destino.


Perseguir lo que otros poseen por el mero hecho de no parecer menos, consigue que desviemos nuestra ruta programada y luchemos por objetivos inútiles para nosotros y que sólo nos hará perder el valioso y escaso tiempo del que disponemos.


Por envidia se enfrentan rivalidades que, en principio, no deberían de existir. Por envidia se ha asesinado. Por envidia se ha robado. Por envidia, incluso, se actúa en contra de uno mismo porque se trata de una emoción irracional que si no consigue su objetivo fijado, producto de la envidia, buscará la destrucción del envidiado, aunque eso suponga la propia autodestrucción del envidioso.


“Ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se cumpla”

(Proverbio Chino)


Si en tu Libro del Destino no hay cabida para una pareja despampanante, un super deportivo último modelo o esas lujosas vacaciones de crucero por el caribe; todo ello, porque alguien cercano disfrute, la posesión de tales cosas, se convertirán en un lastre insoportable en tu vida y, por Ley Natural, terminarán desapareciendo, a corto o medio plazo, de tu vida, en tanto que no estaba previsto que las disfrutaras; pero, además, te habrá hecho perder un valioso tiempo que podrías haber utilizado en conseguir tus propios y legítimos objetivos, todos ellos previamente escritos en tu Libro del Destino.


¡Mira!, la envidia funciona a modo de un gas que te estuviese inflamando por dentro, mientras que tus posibilidades físicas irían menguando hasta desaparecer por completo, convirtiéndote en un guiñapo desprovisto de Alma, que sólo buscara consumir para ser, tener o disfrutar más que los otros; sí, porque Yo lo valgo y más que los demás.


Cómo cualquier otro defecto producto de la Ignorancia, la Envidia procede de un ego desequilibrado que no conoce la empatía y que piensa que sólo las cosas procedentes del mundo poseen algún valor para disfrute personal; es decir, sin un atisbo de intentar compartir, el producto de consumo, con los demás.


La envidia es la peor consejera posible pues nos hará hacer y sentir cosas despreciables que en otros condenaríamos. La Envidia te coloca unos anteojos opacos que sólo hace ver el mal en los demás y no en nosotros mismos; por lo tanto, nos hace caminar, por la Vida, como ciegos sin perro guía ni bastón, tropezando a cada paso y llevándonos por delante a aquellos que pudieran colocarse en nuestro Camino.


La envidia pervierte nuestra inteligencia y nos convierte en tontos descerebrados incapaces de planificar, con racionalidad, discreción y prudencia, nuestras vidas.


La avaricia es hija bastarda de la envidia y del egoísmo: siendo nieta directa de la más supina ignorancia. Pues sólo el ignorante que no sabe cómo funcionan las leyes de la vida, es capaz de envidiar y no contentarse con lo que pueda conseguir con su legítimo esfuerzo. Un esfuerzo genuino y no deslegitimado por las malditas comparaciones, porque un esfuerzo basado en la rivalidad, tal y cómo se suele legitimar por la Sociedad y el Deporte, sólo es digno de aquellos que no creen más que en su propio esfuerzo y cuyo objetivo es siempre conseguir más y más; siempre algo más y que quienes se encuentran a su alrededor no puedan hacerle sombra. Dicen que una sana rivalidad siempre ayuda a la buena evolución de la Especie Humana; pero tened por cuenta que la competencia sana no existe y, al final, siempre termina, ésta, alimentando la envidia de alguien.


Consigue tus objetivos con esfuerzo; pero sin fijarte en lo que tu prójimo tiene o hace. Si tu esfuerzo se dirige en conseguir lo mismo o más que otro alguien, párate y medita, no vayas a caer en la perversa y destructiva trampa de la envidia.


Frater Aralba R+C


No hay comentarios:

Publicar un comentario