20 abril, 2026

La indiscreción del chismorreo

 “La indiscreción del chismorreo”


-La otra enfermedad del Alma que nadie quiere aceptar-

“Por la boca muere el pez”

(Refranero español)


“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde el que las gobierna quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno. Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana; pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga? Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce.”

(Santiago 3:1-12)


Hemos hablado profusamente, por éste mismo medio, acerca de los males provocados por la ignorancia como el miedo, el egoísmo, la avaricia, la intriga y el crimen; pero nunca, hasta ahora, habíamos tratado una de sus consecuencias, de la ignorancia, más terrible y es el cotilleo o chismorreo que suele conducir a la calumnia o difamación y, consecuentemente, a la destrucción del otro y, como posibles consecuencias, a una reacción violenta que puediera acabar, incluso, con derramamiento de sangre.


La lengua desatada, el hablar de forma indiscriminada y sin pensar puede conducir a disputas cuyo final, siempre, resulta impredecible; por ello, eso aquello de “por la boca muere el pez”, dado que toda acción produce una reacción, todo acto, ya sea de facto o por palabras conduce a unas consecuencias. Quien habla mal de alguien está atacando, con armas terribles de otro mundo, a ése alguien; pero también está atacándose, de forma ignorante, a sí mismo.


La propia palabra inspirada por Dios lo dice “Nadie estamos libre del mal de hablar demasiado”; de ahí que entre las comunidades religiosas exista el “Voto de Silencio”, como una forma de intentar dominar a ésa lengua desatada que, como caballo salvaje, nos puede conducir hasta situaciones abismales e irreversibles.


Las disputas familiares y entre vecinos, casi siempre provienen del chismorreo. Hermanos que acusan a sus propios hermanos, con razón o sin ella; ciudadanos de un mismo país que traicionan a sus conciudadanos por pensar diferente, sin darse cuenta que, con sus acusaciones, se están perjudicando ellos mismos.


Nos encontramos, en la actualidad, ante una permisividad intolerable del cotilleo, chismorreo, rumoreo, habladuría y compadreo. Lo vemos en los medios de entretenimiento, sobre todo en la radio, la televisión, las revistas del corazón y hasta en los periódicos serios. Hasta tal punto se ha asentado eso de hablar sin medida y sin contrastar la información, que se ha convertido en un medio factible y útil al Periodismo. Sí, un periodismo de chirigota y destructor; pero, ésto, la gente lo toma a guasa o como si no tuviese importancia. Es como si el disfrute del morbo se encontrara por encima de la dignidad de las personas.


El cotilleo, en principio, pudiera parecer inocente y fruto de una intrepidez lingüística; pero del mero cotilleo a la injuria o calumnia sólo hay un paso; el mismo que existe entre el mero egoísmo y la perversa avaricia. Sí, porque para calumniar no hace falta tener la intención de hacer daño; sino que puede hacerse sin querer por el mero hecho de transmitir un bulo, sin querer, acerca de alguna persona y, miren ustedes, la calumnia posee un poder de destrucción personal terrible “tú calumnia que algo siempre queda”, dice el refranero; es decir, una vez que se ha pronunciado la sentencia, es básicamente imposible revertirla, pues aún existiendo arrepentimiento del emisor, en el receptor siempre quedará la duda y la calumnia, su sombra, persistirá por mucho tiempo o para siempre.


En la Rosacruz se tiene un ejercicio muy importante para prevenir el chismorreo y, consecuentemente, no caer en la calumnia inconsciente: 


“Guardar, siempre silencio, y no responder inmediatamente en cualquier tipo de conversación, sino esperar, darse un tiempo, respirar profundamente dos o tres veces y meditar en lo que se va a responder y, en caso de duda, mantener el silencio aunque tengamos que mordernos la lengua”


Todos, absolutamente todos, tal y como dicen las escrituras, alguna vez en la vida, probablemente muchas veces, hemos caído en la trampa del chismorreo fácil. También, muy probablemente, nos hayamos arrepentido en más de una ocasión por haber dado pábulo a cotilleos en los que, muchas veces sin querer, nos hemos visto envueltos y eso, como poco, nos ha sonrojado y provocado vergüenza; pero lo triste es que esa vergüenza, hoy, por regla general, parece que se ha perdido, quedándoles a los perjudicados por la intriga de las malas lenguas el silencio paciente o acudir a los tribunales aludiendo calumnias que, casi siempre, son desestimadas.


Por lo tanto, querido Amigo, querida Amiga, nos insto a que domestiquemos nuestra fácil verborrea por el bien de aquellos que nos rodean y por el nuestro propio, porque recuerda que, en éste mundo, todo tiene sus consecuencias.


No te lo tomes como un chiste porque todo ésto es mucho más grave de lo que la gente cree. “Se hace tanto o más daño con las palabras que con las propias acciones”


Ya sabes, ante la duda y si no es para bien, calla, calla y vuelve a callar. Domina ésa lengua que si dejas que campe a sus anchas, puede hacerte caer en el cebo que nunca creíste pudieras caer.


Frater Aralba R+C





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