22 enero, 2026

Todos los caminos conducen a Roma

 “Todos los caminos conducen a Roma”


-La Cristificación, conducente a la Transfiguración, se encuentra impresa en el ADN de la Naturaleza del Huevo Cósmico-

Toda Palabra está inspirada por Dios, independientemente de que su apariencia exterior parezca muerta. Muchas veces os preguntaréis el por qué todo parece conducir hacia un mismo objetivo. 


Algunos nos diréis que somos muy pesados con el Tema de la Cristificación y de la Transfiguración. Probablemente tengáis razón; pero es importante y mucho que tengáis en cuenta que se trata de lo más “IMPORTANTE” en el Teatro de la Vida, en tanto que la Cristificación es el Proceso Iniciático impreso en nuestro guión del Teatro de la Vida y la Transfiguración su Objetivo final. 


Así, cualquier Discípulo o Hermano Lego de la Rosacruz puede descubrir en todos los textos, ya sean sagrados, esotéricos, blasfemos o profanos, también en los trabajos científicos, ritualisticos, ceremoniales y de alquimia, o en el Tarot y la Astrología las claves para poder seguir el Camino de la Salvación del Alma. 


Por otro lado, la reiteración, de nuestra parte, en éste asunto, podría resultar cansina para los pocos que están despiertos; pero es necesario entender, y los despiertos lo entienden, que la mayoría de la gente permanece sumida en un profundo sueño y no entiende lo que se esconde en el fondo de los mensajes iniciáticos. Ése es el motivo de que tengamos que repetir acerca de la Cristificación y de la Transfiguración (El Nacer de Nuevo), repetimos lo más importante de la vida, desde múltiples puntos de vista y de modos diversos, con el fin de intentar llegar hasta lo más profundo del corazón de nuestros lectores y oyentes, de la mayor gente posible.


Hay algo que las iglesias del Cristianismo tradicional, Iglesias Ortodoxa, Católica y Protestante, achacan al Gnosticismo y, por lo tanto, a la Rosacruz y es: que basamos la salvación del Ser Humano, no en la Fe por Gracia Divina, sino en el Conocimiento y en el esfuerzo personal; es decir, en las obras, pero eso es algo completamente falso y producto de la más supina ignorancia como vamos a ver a continuación.


“La Salvación es por la Fe, no por las obras para que nadie de gloríe”

(Juan 3:16)


Pero la Fe no es un mero creer, es una convicción exacta, no fanática, de un Conocimiento Interior procedente de nuestro Maestro y Señor; es decir, Jesucristo que, supuestamente, debería de morar en todos los corazones. No es cuestión de decir, con la boca, yo creo en ésto y ya. Para el Gnostico la Fe es la propia Gnosis; recuerden que ése es el propio título del Libro Gnóstico más influyente de Valentín “La Pistis Sofía” y donde Pistis es Fe y Sofía Sabiduría. Eso era para los gnósticos la Fe y eso es lo que es la Fe para los rosacruces, no un mero creer en algo que no se conoce. La Gnosis es el Conocimiento Divino procedente de nuestro Maestro Interior Jesucristo y, por supuesto que la Salvación, la Transfiguración, es por la Fe y que no deja de ser el vasallaje voluntario de la Personalidad hacia su Señor. La Salvación es una Gracia del Espíritu Divino que mora en nosotros y por mucho que hagamos o dejemos de hacer, con ello no podemos comprar a Dios. Dios nos ofrece la salvación de manera gratuita; pero, a cambio, la Personalidad debe de estar dispuesta a ceder el mando de la Vida a Cristo el Señor de su Corazón y de su Mente.


La Rosacruz no es una Religión cargada de doctrinas y dogmas que te encadenan a un proceder rutinario. La Rosacruz es pura Filosofía y pura Gnosis “Pistis Sofía”, que deja libertad absoluta al Gnóstico para proceder según crea; pero eso no significa que el Gnóstico no ame a sus semejantes; sino todo lo contrario, en tanto que la Gnosis, el Conocimiento directo de Dios, le informa, de primera mano, sin equívoco alguno, que todos somos como hermanos, formando una sóla Unidad con Dios Padre, el Pleroma. 


Esa Evidencia y Convicción, meridianamente claras, hace que el Gnóstico o Estudiantes Rosacruz no esté atado a cualquier tipo de moralidad o mandamientos impuestos. No está sujeto a realizar, por mandato externo, sacrificios, rituales o ceremonias. No está obligado a realizar sacramento alguno ni pagar determinados diezmos, sino sólo su propia Voluntad; pero no la voluntad terrena de la Personalidad, sino la Voluntad de Dios que mora en su interior.


La Salvación es un regalo que puede llegar o no. Y en tanto que Gracia, la Personalidad no puede salvarse presionando a Cristo, sino trabajando con y para Él. De ahí surgen, voluntariamente y de forma natural las buenas obras; pero, para ello tiene que existir primero la Fé; o sea, la Gnosis. El Gnóstico debe de vivir sin esperar la Salvación; en tanto que, ya se sabe salvado, en tanto que ha puesto toda su Vida al servicio de Jesucristo. Pase lo que pase, el sabe que se hará, siempre, la Voluntad de Dios; en tanto que él, Cristo, conoce mejor que nadie nuestras propias necesidades y lo que sea mejor para la Humanidad y para el Destino último del Universo.


“La Fe sin obras es Fe muerta”

(Santiago 2:17)


El Gnóstico no hace buenas obras porque la vida le vaya en ello, sino porque pertenece a su naturaleza el proceder así, en tanto que las obras son dirigidas por Jesucristo y no por la rendida Personalidad.


Por lo tanto, es un error creer que los gnósticos se salvan por el estudio y la realización de buenas obras y no por la Fe. El Conocimiento de la Gnosis no procede del estudio sino del Conocimiento Interior procedente de Cristo, nuestro Señor, y la Obras no son consecuencia de algún tipo de miedo temor o interés alguno, sino que salen de un proceder que nada tiene que ver con intereses o presiones ajenas. Ahora bien, si el Gnóstico no procede bien, según la Ley de Dios, independientemente de la de los hombres, resultará que no es un verdadero Gnóstico y no tiene Fé; es decir, será un completo fraude; pero, recuerden, no somos quienes para juzgar a nadie, sólo a nosotros mismos.


Frater Aralba R+C

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