21 enero, 2026

Juan, el Bruto decapitado

 “Juan, el Bruto decapitado”


-Yohanan: La Misericordia de Dios-

Juan, el Bautista del Jordán, es el Precursor de Jesucristo, el Mesías Salvador o el Salvador Enviado. Juan, tal y como se lo suele representar como alguien duro y con una fuerte y férrea personalidad; dado que Juan no es otra cosa, dentro del misticismo Gnóstico, que la personalidad material encargada de manifestar a su verdadero Ser, Jesús el Salvador. 


Una Personalidad que, previa o simultáneamente, a qué Cristo tome su definitiva relevancia, será decapitado por el propio Sistema; en el Mito evangélico por orden de Herodes el Grande, con el fin de satisfacer los deseos carnales y de revancha de su hijastra Salomé.


Aquí tenemos tres personajes principales. Por un lado nuestro principal protagonista, Juan, la personalidad encargada de manifestar al mundo a su Salvador y salvador de la Humanidad, Jesús de Nazaret. Por otro lado tenemos a Herodes, representación del Arconte o Gobernador de éste Mundo, el Tiempo, y que no da cuartel a nadie, atendiendo a las súplicas de Salomé, su hijastra y que no es otra cosa que, de forma paradójica, la paz y serenidad que proporciona la Muerte. En el Mito vemos en Salomé a una mujer despechada y que, por capricho, solicita a su padrastro, el Rey de Israel, la cabeza de Juan por no corresponderle en sus intentos amorosos carnales; pero el significado oculto nos da a entender que para que Jesús primero y Jesucristo después, puedan tomar el protagonismo que les corresponde, en tanto que alma mortal primero y Alma Inmortal después, Juan, él Ser Humano, la misericordia de Dios, su Personalidad, debe de ser decapitada por Herodes, él Héroe ensalzado por el Príncipe de éste Mundo. 


Juan ha cumplido con su cometido y para dar paso al Mesías debe de apartarse del Camino, cosa que es representada mediante su decapitación por el deseo de Salomé y la decisión de Herodes el Grande, en su condición de hijastra y padrastro respectivamente; es algo que se debe de cumplir sí o sí, porque la Naturaleza del Mundo impide que puedan vivir simultáneamente una alma terrenal y una Alma Espiritual. Es el alma terrenal y mortal quien tiene que morir para dar el testigo a su Alma Inmortal y espiritual, quien desarrollará el trabajo de Cristificación. 


Si Juan no fuese decapitado por decisión del propio Mundo en el que vive, Jesús, el Salvador, no tendría posibilidad alguna de completar el proceso conducente a la Transfiguración o Salvación del Alma Mortal; en tanto que la férrea Personalidad de un Ser tan arraigado a la Tierra, más que una ayuda sería un freno al trabajo a realizar por Cristo, el Mesías, el Enviado del Pleroma.


Por lo tanto, en ésta representación dramática, no hay buenos ni malos, sólo intérpretes que representan el papel que les ha tocado por decisión del Sagrado Dramaturgo y que, en el fondo, deberá de ser el final protagonista de nuestra Historia, Cristo Jesús.


Así el Drama se protege, a sí mismo, mediante sus falsas y superficiales interpretaciones, mientras que su profundo y verdadero significado queda oculto a los exégetas y teólogos que se dedican a investigar la letra muerta. Ésto es así, porque la Gnosis, el Conocimiento de la Verdad, está velada al Hombre carnal y sólo aquellos que pueden leer entre líneas, los despiertos a la Gnosis, los neumáticos, pueden ver la verdad que oculta el Mito del Drama Evangélico. 


A partir de que Juan bautiza a Jesús y éste recibe al Espíritu Santo, el testigo es traspasado, pasando Juan, ya no a un segundo Plano, sino a desaparecer de la Historia; de hecho, se describe que Juan tenía muchos seguidores y que acudían a ciento para ser bautizados por él a las orillas del río Jordán; pero conforme Jesús iba tomando protagonismo, el de Juan iba menguando hasta desaparecer por completo con su decapitación por orden de Herodes. Es cómo si Jesús hubiese heredado la vocación de Juan; para llevarla a un punto o Estado más elevado. También hereda a sus discípulos porque ya nada se ha de saber de los discípulos de Juan; pero comienzan a tener relevancia los de Jesús el Nazareno.


El alma personalidad del Ser Humano debe de morir para que el Alma salvadora, Jesús, pueda crecer y poder convertirse en depositaria de Cristo, su Espíritu enviado desde la Plenitud del Dios Padre y sentarse en el Trono del Corazón, sede de las emociones.


Así, podemos ver qué el Proceso de Cristificación se encuentra dividido en tres partes diferenciadas.


1.- Por una parte tenemos a Juan, representación de la Persona que ha nacido y vive en la Naturaleza del Mundo Material y sin la cual no puede dar comienzo el Proceso de Cristificación: Juan debe de tomar conciencia, mediante la humildad, de que sólo se trata de un vehículo material de manifestación de su verdadero Ser; es decir, que es completamente prescindible y, aún, habiendo sido formado por el Verbo, Cristo, su Creador y Señor, sabe que debe disolverse en la materia de la que procede; pero no sin antes haberle pasado el testigo a Jesús, el Salvador de sus experiencias y Conciencia.


2.- Jesús, el Salvador, es el alma Humana que posee una conexión íntima; de hecho es el nexo de unión con el Alma Espiritual e Inmortal de su Ser Interno, Cristo; siendo la encargada de almacenar, primero, las experiencias de la Vida para, llegado el momento, trasvasarlas al Alma Inmortal del Mesías, Cristo, el Enviado del Pleroma para rescatar el contenido pleno, incluida la Conciencia, del Alma mortal junto a sus experiencias acumuladas.


3.- El tercer paso de la Cristificación, cuyo resultado final es la transfiguración o salvación del Alma, se produce cuando una vez que Cristo ha tomado las riendas del Corazón de Juan, las emociones de la Personalidad y de la Mente conciente de Jesús, la Conciencia, éste conduce al Ser Humano material y espiritual por el Camino trazado en su Libro del Destino con el fin de no desperdiciar nada por el Camino Iniciático de la Vida. 


Así, cuando Cristo lo determine, toda la información, experiencias, de Juan, el Corazón y de Jesús la Mente; en tanto que Conciencia de la Personalidad son rescatados por la Esencia Inmortal de Cristo y salvados de la destrucción, disolución e inexistencia, produciéndose lo que se conoce como la “Transfiguración”; así, aunque el Cuerpo y la férrea Personalidad de Juan se pierden recicladas por la materia del Mundo, no así su información al completo, convirtiéndose en parte íntegra y sustancial del Alma de Jesús, quien es su Salvador y que al fusionarse, en el momento de la transición final con Cristo, se convierte en un único e indisoluble Ser, Jesucristo, conservando en su seno la identidad tanto de Juan cómo de Jesús. 


El Proceso transfigurístico se ha completado y el Ser puede elevarse, sin pérdida alguna, hacia su verdadero Hogar Celeste, junto a Dios Padre, el Pleroma. Y ésto es lo que exotéricanente, las religiones cristianas conocen como la Salvación del Alma.


Una vez que la Transfiguración se ha completado, el Alma resultante será el vehículo de manifestación definitivo de Cristo en tanto que Célula espiritual del futuro Adám Celeste, cuando Éste surja del Huevo Cósmico que es el Universo. Evidentemente, se habrán acabado los renacimientos del Espíritu mediante nuevas personalidades y éste esperará la eclosión del nuevo Eón en el Seno de Shamballa, en la Esfera Reflectora; pero eso no significa de que la Célula espiritual transfigurada vaya a mantenerse ociosa. En el Templo del Espíritu Santo hay un trabajo frenético para los hermanos mayores de la Rosacruz al servicio de la Transmutación del Mundo y de la Humanidad, en tanto que supremos adeptos de los misterios crísticos.


Frater Aralba R+C

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