“Rosacruces (Viajeros en el Tiempo)”
-Te explotará, literalmente, la cabeza-
Los que nos seguís, desde hace tiempo, conocéis que de vez en cuando os traemos teorías pseudocientíficas que podrían parecer peregrinas, si no fuese porque estàn sacadas de la Memoria de la Naturaleza; es decir, no son meras teorías que hubiese que comprobar algún día, sino que son verdades que están ahí, siempre lo han estado para ser descubiertas. Hoy os traemos una de la que ya hemos hablado, de pasada; pero que es necesario volver a hacerlo, pues la Historia está, como comprobaréis, más candente que nunca.
¿Quiénes, no han tenido, alguna vez, sobre todo de jovencitos, la idea de que hay alguien que nos protege?; no sé algún padrino, una tía de la familia, un amigo mayor que nosotros, en definitiva y para la Religión, un “Ángel de la Guarda”, y que los rosacruces siempre han conocido como “Los Hermanos Mayores de la Rosacruz”; pues bien, los Hermanos Mayores de la Rosacruz, que cuidan de la Humanidad, proceden de un futuro cercano a la extinción de la Humanidad; pero nos visitan desde el más lejano pasado, incluso anterior a la existencia de los dinosaurios.
Sí, hubo otra Humanidad. Una Humanidad que nada tiene que ver con viajeros interplanetarios ni seres de otros planetas. Ellos están aquí con nosotros, siempre lo han estado, desde antes de que la Humanidad apareciera en la Tierra y, lo curioso del caso es que somos nosotros mismos; pero procedentes del Futuro, justo antes de la destrucción del Planeta, e instalados en nuestro más remoto pasado.
Los lémures y los atlantes, al contrario de lo que se piensa, no son nuestros antepasados, sino nuestros descendientes que tuvieron que viajar a nuestro pasado, también su pasado, para intentar sobrevivir a una destrucción planetaria provocada por la propia Humanidad. Ellos decidieron intervenir, con pequeños ajustes en su pasado, también nuestro presente, con el fin de intentar evitar que en el futuro, su presente, se provoque tal cataclismo.
Cuando hablamos de Shambala nos referimos a un Lugar situado en la Esfera Reflectora de nuestro Mundo. Ese Lugar que se encuentra en la frontera membranosa del Mundo cuántico que separa nuestro Universo espaciotemporal del Pleroma, es un Lugar atemporal; pero que posee su correspondencia física y material en algún lugar lejano y remoto del pasado, donde hoy se encuentra el Tíbet y el Desierto de Gobi. Estos Hermanos Mayores de la Rosacruz, encargados de custodiar el legado de la Humanidad no necesitan vivir ni en las profundidades del mar ni en ignotas cuevas inmensas de la Tierra. Ellos, en tanto que viajeros interdimensionales, pueden viajar en el Tiempo en el periodo que dura un parpadeo, porque su Hogar temporal ocupa nuestro propio espacio; pero no se encuentra en nuestro tiempo actual, sino en otro muy, muy lejano hacia atrás en el Tiempo.
Así, no piensen ustedes que vamos a encontrar, hoy, sus moradas subterráneas o submarinas, aquí y ahora, porque aunque ellos se encuentran entre nosotros, pertenecen a un tiempo diferente al nuestro, aunque nos visitan constantemente, existiendo registros de tales visitas desde tiempo inmemorial. Estás visitas fueron registradas, en nuestro pasado, como encuentros con ángeles y entidades feéricas o religiosas; es decir, apariciones marianas o santos; pero en nuestro presente tecnológico, son vistos como entidades interplanetarias; es decir, como nuestros hermanos del lejano cosmos.
Los Hermanos Mayores de la Rosacruz, desde Shambala y, mediante sus periódicas visitas, van controlando, minuciosamente, nuestro progreso, tanto moral como tecnológico; pero sin hacerse notar demasiado para no provocar excesivas paradojas temporales. Ellos son esas entidades que, dentro de nuestro subconsciente Ancestral, vemos como nuestros protectores invisibles, en Verdad, nuestros “Hermanos Mayores” Unos Hermanos Mayores que, si lo observamos desde nuestra perspectiva temporal, aún no habrían nacido y que, sin embargo, han vivido y viven en nuestro lejano pasado, antes de que nosotros hubiésemos nacido.
Ellos son los que han inspirado a los constructores de obras ciclópeas de Egipto y otras civilizaciones antediluvianas y quienes meten ideas, supuestamente peregrinas, en la mente de nuestros científicos, artistas e inventores. Somos nosotros, del Futuro; pero procedentes del Pasado. Seres multidimensionales para los que el Tiempo es como un pasadizo repleto de puertas que se pueden abrir y por donde, ellos pueden, a su antojo, entrar y salir.
Algunas veces, muy pocas, se encuentra algún vestigio de su pasada existencia; pero son muy pocos y, desde luego, nada contundente: algún martillo enterrado en capas prediluviana, algún instrumento tecnológico como una pila en las piràmides o una suerte de astrolabio imposible descubierto en las costas de anticítera, en Grecia. Existen muchos, muchos vestigios de la existencia de una Humanidad tecnológica o Civilización predecesora a la nuestra; pero que no posee un Linaje directo correspondiente con nuestra Cultura, sino como una influencia sutil realizada con la precisión y esmero de un relojero.
Ellos, con el fin de que parezca que el progreso parezca nuestro; es decir, que procede de nosotros, fruto de nuestra propia valía y no de terceros, mucho más versados y listos, que nos ayudan desde lo oculto, al otro lado del velo, de las bambalinas de la ilusoria realidad.
Ellos son nuestros platillos volantes, elfos y hadas; pero también los enviados angélicos de Yaveh. En cada momento de la Historia se manifiestan de forma diferente, para que, de algún modo, sus manifestaciones resulten coherentes con nuestra periódica cotidianeidad. Esos avistamientos o presencias no son casuales; es decir, se encuentran programados y nunca son accidentales; es decir poseen un propósito, aunque ése propósito a nosotros se nos escape. Cómo propósito tiene que una determinada invención se produzca en un instante temporal y no en otro; es decir, nuestro adelanto se produce cuando está planificado que así sea y no en otro momento. Así, sólo así, puede entenderse que la Humanidad haya vivido durante milenios con una tecnología troglodita y sea sólo, en los últimos trescientos años, que la tecnología haya dado un salto exponencial que, si miramos los registros históricos, parecería imposible, si esa evidencia no se encontrase bien visible ante nuestros ojos.
Sí, esa sensación que siempre tuviste de la existencia de unos protectores de la Humanidad es real. Esos protectores existen y siempre han estado con nosotros a modo de guías de nuestro progreso; de hecho, siguen con nosotros aunque no podamos verlos; pero también impidiendo que algo malo te pase, porque ellos son los verdaderos àngeles custodios de la Humanidad, los míticos “Hermanos Mayores de la Rosacruz”, nosotros del Futuro; pero procedentes del pasado en la frontera del Mundo cuàntico, entre la ilusoria realidad espacio temporal y la Verdad del Pleroma, de Shambala.
Frater Aralba R+C

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