26 enero, 2024

El Pecado contra el Espíritu Santo

 “El Pecado contra el Espíritu Santo”


-La blasfemia imperdonable-

”El Sacrilegio o Profanación contra el Espíritu Santo, se indica en varios pasajes del Nuevo Testamento, tales que Marcos 3:28-29,​ Mateo 12: 31-32, y Lucas 12:10”


Blasfemia: Ofensa contra Dios, lo más Sagrado. 


“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.”

(Marcos 3:28-29)


“Y a cualquiera que hable contra el Hijo del Hombre le será 

perdonado; pero a cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.

(Mateo 12:32)


”A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.”

(Lucas 12:10)


El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Trinidad, siendo la actividad de Dios presente en y entre nosotros, no siendo otra cosa, nada menos, que el mismo Cristo que nos mostró Jesús, viviendo en nosotros de forma consciente; es decir, con nuestro Ego, Yo, o Personalidad.


El Pecado contra el Espíritu Santo es imperdonable y no lo es por capricho Divino sino por lo irreversible del asunto, dado que se trata del Suicidio o quitarse uno mismo la vida. Si la Personalidad acaba consigo misma, en tanto que vehículo de manifestación de Cristo, su Ser Interno, es imposible que pudiera regresar, en el futuro, hasta donde lo dejó con el fin de proseguir su Camino de Cristificación, Salvación, dado que no existirá alguien para continuarlo, en tanto que se auto borró y, bueno, ese es el verdadero y Grandísimo Misterio de la Ofensa contra el Espíritu Santo, quitarse uno la propia Vida, es algo irreparable, imperdonable o irreversible.


El Espíritu Santo, recuerden, es la llamita de fuego, representado por una paloma resplandeciente y que no es otra cosa que la Chispa Divina actuando en nosotros. Eso no sería posible si la iluminación; la Iniciación no se hubiese completado. Cortar la propia vida siendo conscientes de que vamos a cercenar el medio de manifestación de nuestro verdadero Ser, es la Blasfemia o Sacrilegio teológico contra el Espíritu Santo.


Cualquier pecado, incluso el asesinato, mediante el arrepentimiento, de quién lo comete, son perdonables; pero no así el suicidio en tanto que hemos evitado, al cercenar nuestra propia vida, la posibilidad de dicho arrepentimiento.


“Imagínense por un momento que usted es alguien adinerado que está comprando autos, de esos llamados autónomos, con el fin de quedarse solo con uno y que le acompañará por el resto de su vida. Evidentemente usted es quien decide qué autos comprar, aparcarlos en su garaje y, al final, quedarse con el que más les guste. Mientras esos autos, coleccionados, permanezcan en su garaje, cualquiera de ellos tendrá la posibilidad de ser el elegido como su preferido. Ahora imagínense que la Inteligencia Artificial de su última adquisición, toma una decisión errónea y se autodestruye, por un error de programación de sus algoritmos, precipitándose por un precipicio o estampándose contra un árbol. Evidentemente, aunque su propietario, usted, sobreviva, el Auto estará irrecuperable para poder ser elegido como el Auto de sus sueños”


En la analogía que acabamos de exponer, usted sería el verdadero Ser, el Espíritu o Maestro Interno, el Señor Cristo y su Auto nuevo sería su actual vehículo de manifestación, su Cuerpo, en donde la Inteligencia Artificial que hace autónomo al automóvil, sería el Yo, el Ego, la Personalidad.


Ahora volvamos a la Realidad. Usted, en realidad, es ese vehículo de manifestación y la Inteligencia que toma las decisiones, sean correctas o erróneas su Personalidad. Si usted, por cualquier motivo, decide poner fin a su vida y destruye su Cuerpo; pero también destruye su Conciencia de Ego imposibilitando que Cristo pueda seguir haciendo uso de Usted. Cristo no puede revertir su decisión personal llevándolo a algún tipo de taller especializado en reconstruir vehículos de manifestación, en tanto que ese Taller no existe en otro lugar que aquí, su Vida en el Mundo.


Ahora, imagínese que su intento de suicidio no se lleva a efecto. En esa circunstancia, si usted se arrepiente de su acción y permanece con su vida, sigue teniendo una oportunidad de poder ser elegidos por el Espíritu como su definitivo vehículo de manifestación; evidentemente, tras haber sido transfigurado y haber pasado por todo el proceso de Cristificación con la consecuente entrega total de su Yo a Cristo su Señor.


Después de los expuesto y si hemos hecho posible que usted pueda entender nuestra analogía, comprenderá, dado lo irreversible del Asunto, que el Pecado contra el Espíritu Santo, no pueda ser perdonado, en tanto que el Sujeto que pudiera arrepentirse de su Acción, el Yo, ya no existe. No se puede perdonar porque no hay opción para ello, pues se trata de una decisión personal cuyo final es definitivo e irreversible. No se trata de que Dios sea algún tipo de Psicópata incapaz de perdonar; es que nuestra Acción definitiva e irreversible impediría que ese, supuesto, perdón pudiera, en la práctica, darse, en tanto que no existe la posibilidad del Perdón sin el previo Arrepentimiento; y éste no puede darse sí ya no existe quien pudiera arrepentirse. 


Si somos capaces de deducir el Mensaje de la Biblia de un modo Científico más que doctrinal y teológico, cualquier posible Misterio puede ser entendido y resuelto.


Sabemos que lo que acabamos de exponer es muy triste y duro para aquellos que, en su familia, hayan tenido algún caso de suicidio de algún Ser amado; pero es la verdad. En el futuro, cuando llegue la hora, podrán acceder a sus recuerdos en la Memoria de la Naturaleza; pero en modo alguno podrán entablar un diálogo entre conciencias, pues una de ella ya no existirá por decisión propia.


Ahora, fíjense lo importante del Asunto porque el quitarse la vida, al instante, no es el único suicidio posible; es decir, Pecado contra el Espíritu Santo. También puede tratarse de un suicidio planificado a muy largo plazo y que significaría actuar, de cara al Espíritu, como un Muerto en Vida y que, lamentablemente, es lo más común; en tanto que eso es lo que sucede con la mayoría de personas que no han comenzado o completado el proceso Iniciático de la Cristificación; en tanto que tras el fallecimiento de la Personalidad, aunque supuestamente se tratase de una muerte llamada Natural o Accidental, ha existido una acción consciente de quitarse uno voluntariamente la Vida, al no poner su Destino en manos de su Verdadero Propietario: Cristo, el Señor. En ese sentido, podría decirse que la mayoría de la población, aún no quitándose la vida en un instante, son suicidas y culpables del Pecado contra el Espíritu Santo, estando la única diferencia en que aún tienen la posibilidad de arrepentirse de su actitud y retomar el Camino de Cristo para completar su misión de Restauración y Transfiguración.


Si usted es, quien nos está leyendo, consciente de lo que supone el Proceso Iniciático, ahora también conoce el peligro que conlleva no proseguirlo hasta su definitivo cumplimiento; pero aún estamos a tiempo para que pueda dar marcha atrás y tomar la decisión correcta, en tanto que usted aún sigue con vida. Aún hay tiempo; pero recuerde que la Vida es como un suspiro y que, en cualquier instante, podemos perderla.


Retome su Diálogo con Cristo, su Señor y Maestro Interior.


¡No siga pecando contra el Espíritu Santo!


Frater Aralba R+C 




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