05 mayo, 2026

La Ciencia y la Rosacruz

 “La Ciencia y la Rosacruz”


-De la Verdad científica Rosacruz al Ilusionismo cientifista rosicruciano-



La Ciencia y la Rosacruz surgen y se desarrollan durante los mismos siglos, desde los siglos XVI y XVII a la actualidad; de hecho, no podría entenderse la Ciencia sin la influencia de los movimientos proto rosacruz y rosacruz, ni de la Rosacruz sin las ideas aportadas por la Ciencia de Copérnico y Galileo.


Recuerden que la Rosacruz surge en la época post renacentista, en la cual Occidente recuperó gran parte del Conocimiento Clásico, gracias a la interacción con el Mundo musulmán, el cual había sido el depositario de la sabiduría greco latina. Pretende, según todos ustedes ya conocen, una Reforma integral del Mundo conocido, hermanando la Ciencia, la Religión y el Arte; pero, sí fuésemos tan ingenuos de pensar que sólo se trataba del Arte, la Ciencia y la Religión de aquella época, estaríamos muy equivocados, en tanto que tanto la Religión el Arte y la Ciencia siempre, con el tiempo, sufren una natural transformación.


Con esto queremos recordarles que, aunque la Rosacruz surge en un periodo de transición entre un Mundo mágico, religioso y profundamente supersticioso y otro, nuevo, mucho más racional, lógico y escéptico; eso no quiere decir que la Rosacruz actual siga enseñando las artes mágicas de antaño ni que no haya asumido el Conocimiento de los más recientes avances científicos. Así, el parecido entre la Rosacruz del Siglo XVII y la actual, es el mismo que podemos encontrar, en la Ciencia, de la Época de Newton y Descartes con la de las leyes de Maxwell, la Teoría de la Relatividad y la Mecánica Cuántica.


La Rosacruz, como la Ciencia, son profundamente gnósticas, en el sentido pleno de la acepción de la Palabra Conocimiento. La Ciencia, está claro, persigue el Conocimiento en busca de la Verdad, del mismo modo que la Rosacruz que, con el paso de los siglos, se ha ido apartando de los preceptos dogmáticos de la Religión para acercarse a una espiritualidad mucho más profunda y relacionada con el Cristianismo Gnóstico Primitivo.


Así, la Rosacruz se puede decir que es plenamente científica; pero partiendo de los conceptos inalienables de la existencia de Dios, como Mente Consciente, cósmica y creadora y de la persistencia del Alma después de la muerte; de hecho, la Ciencia, a pesar de lo que ha intentado ser manipulada por siglos, no tiene la capacidad de demostrar la inexistencia de un Creador primigenio ni de que la Vida acabe con la muerte; de hecho, cuando la Ciencia se intenta embarrar en tales berenjenales, se transforma en cientifismo, una ciencia en minúsculas, basada en elucubraciones, hipótesis indemostrables y quimeras sincréticas que poco o nada tienen que ver con la verdadera Ciencia. 


La ciencia, veréis, nos ayuda a encontrar a Dios; pero no nos lo puede mostrar porque su utilidad sólo es aplicable al interior del Huevo Cósmico, nuestro Universo. Nuestra Ciencia, tal y como la conocemos, no puede mostrarnos qué hay fuera de la membrana cuántica que permea el Universo. Así, sus disciplinas basadas en las matemáticas, la geometría, la física, la química y la biología, son muy buenas desentrañando los misterios de las leyes naturales que sirven de soporte y estructura; es decir, las vigas y pilares en los que se sustenta el Cosmos; pero nada nos puede ayudar a entender qué hay fuera de la estructura sin recurrir a la Filosofía y su más profunda Metafísica; pero, eso sí, sin adentrarse en las teologías religiosas, tan contaminadas de dogmas y doctrinas inmutables que deben de ser aceptadas, por los creyentes, con una profunda e ingenua credulidad.


La Rosacruz no puede, claro que no, demostrar la existencia de Dios mediante las premisas científicas; pero sí sirven éstas premisas para conducir a sus estudiantes hasta la propia membrana de la placenta cósmica, el Mundo Cuántico, y desde allí intuir, mediante el Conocimiento Interno, aquello que se encuentra al otro lado de ése flexible cascarón. Por lo tanto, la Ciencia, en su conjunto, es la herramienta necesaria para discriminar, aquí y ahora, de lo realizable y posible de la entelequia de lo improbable; pero también es la escalera que nos permite elevarnos mentalmente para intentar observar lo que se encuentra al otro lado del muro.


El cientifismo esgrimido por los escépticos y ateos se basa en entelequias matemáticas con imposible demostración y una filosofía, si puede llamarse así, construída sobre bases inexistentes. Son algo así como castillos de naipes o de arena que, a poco que sople el viento se desmoronan; pero eso no quita para que los incautos e ingenuos caigan en la fácil trampa de no escudriñar en sus más inhóspitas profundidades.


La Ciencia no sirve para demostrar la existencia de Dios ni de la inmortalidad del Alma; pero tampoco sirve para lo contrario y, ésto, es importante que todo el Mundo lo sepa. Y los intentos de utilizar a la Ciencia para demostrar la inexistencia de Dios, proceden de la ignorancia, la arrogancia y, quizá, de un resentimiento y odio hacia la propia existencia; lo cual nos conduce, de nuevo, al nihilismo más pesimista y perturbador. Un nihilismo que en determinadas épocas, especialmente durante el romanticismo, llevó a una ingente cantidad de intelectuales a quitarse la Vida, al no poder encontrar un sentido a Ésta; en tanto que la trampa del cientifismo nihilista es conducirnos a un surco rallado que se repite, de forma incesante, impidiendo saltar al siguiente surco del disco. El cientifismo vendría a ser como una nueva Religión; pero una Religión sin Dios y en el que la Ciencia es manipulada para que sólo muestre aquello que los cientifistas, los sacerdotes de la nueva religión, quieren demostrar como verdades absolutas.


La Rosacruz, sin embargo, desde su nacimiento siempre ha estado abierta, aunque de forma crítica, a los avances científicos y, lo crucial de todo ésto es que, de forma paulatina, la Ciencia y la Rosacruz se han ido amoldando la una a la otra como lo está una onda electromagnética, donde la onda eléctrica y la magnética se realimentan entre sí, de un modo entrelazado, para persistir y no ser amortiguadas con el paso del tiempo. La Rosacruz abre puertas por donde la Ciencia pueda entrar para investigar y, por su lado, la Rosacruz procede a orientar sobre la interpretación del resultado de sus investigaciones. Y todo ello, como dijimos al principio, sin perder las premisas irrefutables de la existencia de Dios y del Alma Inmortal.


Para finalizar, digamos que la Ciencia viene a ser una locomotora de carbón y el combustible sería la Rosacruz. Sí eliminamos los principios rosacruces de la Ciencia, ésta se transforma en el más burdo cientifismo que cae en los mismos errores dogmáticos de la antigua religión, llevando a sus seguidores ante el precipicio de la superstición. Si, del mismo modo, eliminamos la verdadera Ciencia de los estudios rosacruces, sólo nos queda una fantástica Historia mágica, de utilidad nula, que sólo sirve para cargar nuestros registros de memoria con falso conocimiento y libre de cualquier tipo de utilidad.


Bueno, y ésa sería la diferencia entre la Rosacruz y el fácil rosacucismo; en tanto que la Rosacruz y la Ciencia caminan entrelazadas realimentándose mutuamente, mientras que el rosacrucismo se encuentra como embalsamado en una suerte de ostracismo anclado en un pasado que pareciera atrapado en el surco de un disco rallado.


Frater Aralba R+C 










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