14 mayo, 2026

Camino hacia la santidad

 “Camino hacia la santidad”


-El Secreto se encuentra en amar conscientemente-

Hace poco contestamos a la pregunta ¿Qué ejercicios y prácticas se requieren para progresar espiritualmente?; obviamente, dijimos que no existen normas enlatadas para conseguir tal cosa y que sólo Cristo, el Maestro Interno, nos puede proporcionar una respuesta individual, única y personalizada. Bien, ésa respuesta está basada en el Amor, saber amar, aprender a amar; pero claro, esto del Amor, a priori, pudiera significar diferentes cosas para diferentes personas.


Amar es el secreto; pero sólo nuestro Señor Cristo posee la facultad de enseñarnos a amar. Se han escrito y se seguirán escribiendo cientos de libros acerca del Amor; pero ninguno de ellos nos sirve para aprender a amar si no estamos preparados para poder amar y, disculpadnos; pero ésa preparación sólo puede proceder de una Fuente; perfecto, lo habéis entendido bien, de Cristo, nuestro Señor Dios.


Jesús nos dejó dicho, en su Evangelio, por escritura de Mateo: “Toda la Ley de Dios se resume en sólo dos preceptos: Amarás a Dios por encima de todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo”. Sí cumples, completamente, con ésta sentencia, es imposible que incumplas algunos de los mandamientos divinos; es decir, si amas conscientemente, sin algún sentimiento interferente de recompensa, será porque te encuentras bajo la Gracia de Dios; dicho de otro modo, has recibido el regalo Divino de poder amar de verdad.


Del mismo modo que la Fe y la Salvación se obtienen por la Gracia de Dios, también el Amor se obtiene de la misma Fuente; pero es más, se trata de tres dádivas que se obtienen, de golpe, en un mismo paquete; es decir, si uno es salvo es porque ama y tiene fe. Si alguien ama de verdad, puede tener la certeza de que posee verdadera Fe y, consecuentemente, es salvo. Y, por supuesto, si alguien ha recibido la Gracia de la Fe, consecuentemente, el Amor mora en él y la Salvación es efectiva en su Vida.


Jesús también nos enseñó, por boca de Pablo, que existen tres cosas importantes, necesarias e imprescindibles para la Salvación del Alma: “Fe, Esperanza y Caridad; pero de las tres, la más importante es el Amor”, dado que si no existe, en la Persona, la Gracia del Amor, la verdadera Fe, en ella no existe y, sin Fe, no puede existir Esperanza alguna.


Amar es, como se ha escrito repetidamente, muchas cosas; pero, en Verdad sólo es una: “Estar bendecido por Cristo, nuestro Dios y Señor”


Y, sí, una Persona bendecida con el Amor de Dios, ama a Dios porque conoce que Dios lo es todo y que él mismo forma parte de Él, esa Conciencia Universal que ha creado todas las cosas de sí mismo; en tanto que nada podría existir fuera de Él. Por ello, no puede dejar de amarse a sí mismo y a todos los demás, sus prójimos, que también forman parte de Dios y, por lo tanto, los considera como sus hermanos.


Muchos creen saber lo que es el Amor; pero la Palabra Amor, durante tanto tiempo ha sido tan maltratada y prostituida que, es muy difícil que se tenga una visión acertada de lo que es el verdadero Amor; de hecho, se habla de Amor marital, Amor filial, Altruismo, Empatía…; pero éso son sólo facetas tan parciales del verdadero Amor que, sinceramente, no deberían llamarse Amor; en tanto que tampoco son sinónimos del Amor.


“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.”

(Primera Epístola del Apóstol Pablo a los Corintios 13:4-13)


Muchos que dicen ser altruistas lo son por intereses de diversos tipo, no porque el altruismo salga, sinceramente, de sus corazones.


Muchos dicen evangelizar la Fe en Jesús por Amor a sus semejantes; es decir, porque no quieren que se pierdan y puedan ser salvados; pero, en realidad, les mueve salvar a cuanta más gente mejor para recibir prebendas y alguna corona en el Cielo.


El que se dice Amor Marital es una cuestión hormonal instintivo producto de la necesidad natural de proteger a la parte reproductora de la Especie; lo mismo sucede con el Amor Filial; en tanto que sí, es natural e instintivo dar la Vida por los hijos, pues ellos son el futuro de la Especie y herederos de nuestros genes.


En todo eso que la mayoría de los seres humanos ven el Amor; en realidad son algo interesado y el verdadero Amor está libre de todo interés. No se ama porque vaya a haber reciprocidad en el Amor. Si eso fuese así, a tal cosa no se la debería denominar como Amor, sino de otro modo. Llamamos Amor a muchas otras cosas que, en realidad, sólo son obsesiones. Alguien puede decir que ama su trabajo, el estudio, los autos o viajar por el Mundo; pero, en realidad, se encuentran obsesionados por tales asuntos.


No, desde luego, nosotros no somos nadie para juzgar si alguien ama o deja de amar, Dios nos libre. Que cada uno entre en su corazón y juzgue por sí mismo si la dádiva Divina del Amor mora, o no, en su corazón. Que juzgue, por sí mismo, si ése sentimiento de empatía va acompañado por algún interés. Quizá, pertenecer a una Organización Benéfica pudiera parecer un acto de verdadero Amor altruista; pero, quizá existan motivos ocultos, quizá inconfesables, como ganar puntos ante personas relevantes o instituciones; es decir, como en un juego de ajedrez, a medio o largo plazo se espera recoger algunos buenos frutos como un mejor Empleo y sentirse bien con uno mismo. Pues bien, si existe algún interés, por nimio que parezca, no hay verdadero Amor. 


Pero entonces, ¿Cómo podemos conseguir el verdadero Amor?; pues del mismo modo que se consigue, por Gracia, la Fe y la Salvación del Alma: Encontrando al Maestro Interno, Cristo Jesús, dentro de nuestro Corazón y ponernos a su entero servicio sin esperar nada a cambio; pero para ello tienes que orar con él. Él te escucha siempre porque Cristo nunca dejó de estar dentro de tí; de hecho, es tu verdadero Ser, pues tú, como yo, somos meras y prescindibles herramientas de Él.


Ora con él y pídele lo que necesitas, como el aire que respiras, saber que te está escuchando y que quieres hablar con Él, como lo que verdaderamente es, tu Padre Celestial y tu Hermano Jesús. Él es el Creador de todo; pero también quién vive en tí. Pídele, de forma repetida y hasta la extenuación, que se manifieste en tí y que te proporcione la Fe y el Amor para poder vivir conforme a sus designios; en tanto que la Esperanza y la Salvación del Alma son el benéfico efecto secundario de la Fe en Cristo Jesús y de su Amor. Un Amor que deseas, como nada en el Mundo, que se manifieste en tí, porque sólo amando podrás seguir el Camino de la Imitación de Cristo, la Cristificación conducente a la Transfiguración del Alma; es decir de la Salvación de la Personalidad; pero no te confundas: Si intentas seguir la imitación de Cristo por la recompensa de la Salvación, el Camino que seguirás no es el del misticismo Cristiano desinteresado y de servicio a los demás y eso, Dios lo sabe porque conoce tu corazón mejor que tú. Pide a Dios Fe y Amor desinteresado y si consigues la Fe, el Amor ya va añadido y si consigues el Amor también tendrás la Fe que persigues; pero quítate de la cabeza lo de perseguir la Salvación; en tanto que si posees la Fe y el Amor, serás consciente de haber sido salvado. No persigas la salvación porque ya estás salvado.


Entra en Oración con Dios y cuéntaselo todo aunque él ya lo conozca antes que tú. Recuerda que la Esperanza procede de la Fe; pero la Salvación de tu Alma del Amor de Dios y si Dios te Ama, estás condenado a sentir su Amor, a sentirte pleno y salvado por la Fe, el Conocimiento, la Gnosis, que sólo puede proporcionarte Cristo, tú único Maestro y Señor.


Recuerda que sólo él es el único mediador entre Dios y los hombres. Habla con Él, al menos una sóla vez, y quizá te sorprendas.


Frater Aralba R+C


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