“De la Materia a la Mente o de la Mente a la Materia”
-¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?-
Tras mucho elucubrar y darle vueltas a la cabeza, con el conocimiento actualmente existente, es mucho más fácil llegar a la conclusión de que algo inmaterial e imponderable, como la mente, algo desconocido para nuestros instrumentos de medición, mediante un proceso de condensación energética de, cada vez, más baja vibración, haya podido dar lugar a la materia tal y como se conoce que, al contrario; es decir, que la materia surgida no se sabe muy bien de dónde, quizá mediante un Big Bang surgido de la Nada, haya podido, mediante sublimación energética a, cada vez más alta vibración, dar lugar a algo imponderable como la Mente con sus características propias, como la conciencia y la voluntad.
Apelo al sentido común de mis lectores. Parece un auténtico disparate pensar que las cosas, en origen, surgieron de la nada y fueron evolucionando sin algún tipo de control, ya sea inherente; es decir, por programación o externo, mediante dirección y construcción; pero, en realidad, eso es lo que creen los ateos que, curiosamente, creen en éste tipo de cosas incoherentes y, sin embargo, no tienen en consideración la existencia de una Mente primigenia y directora de todo lo existente. Algunos, a ésa Mente diseñadora y directora, como poco, la denominan Dios, aunque la denominación es lo menos importante, dado que los nombres son invenciones del Ser Humano. No creer en una Mente que diseña, crea mediante diversas metodologías con ayuda de determinadas herramientas y que dirige la construcción, ya sea de una forma completamente organizada o a prueba y error, parece mucho más incoherente que plantear la existencia de algo, desconocido, intangible e invisible, llamémoslo espiritual, que ha planificado primero lo que deseaba realizar, construido la plataforma de manifestación después, diseñado y dado forma a todo lo existente con algún fin que, algunos pueden intuir; pero que, para la mayoría de los individuos les es completamente desconocido.
De hecho, el ateísmo y la Teoría de la Evolución son completamente incompatibles. Sólo hay que imaginar, en un desierto, despiezado un artefacto cualquiera; no sé un helicóptero o una aeronave. Ahora nos sentamos a esperar por decenas, cientos, miles e incluso millones y decenas de millones de años, con el fin de comprobar si, de alguna forma misteriosa y sin intervención de nadie, las piezas se han unido y dado forma al artefacto en cuestión. Eso no sucederá jamás, en todo caso, el aire, la arena y los movimientos telúricos harán que esas piezas se separen unas de otras, se degraden hasta desintegrarse y sean enterradas por la arena y el paso del tiempo hasta desaparecer por completo. No hay modo de que algo tome forma y coherencia sin una voluntad, ya sea interna o externa, que monte un puzzle previamente planificado y siguiendo unas órdenes concretas que, en el caso de los seres vivos podemos encontrar en el ADN y en algunos minerales mediante su estructura cristalina.
Por el contrario, es mucho más coherente reconocer que no lo conocemos todo y que pueden existir fuerzas o entidades invisibles con la capacidad de crear a partir de la energía condensándola en forma de materia, habiéndose programado previamente para, con el tiempo, evolucionar hacia formas más perfectas; como viene sucediendo, por ejemplo, hoy en día con la Inteligencia Artificial. Es de sentido común pensar en un origen, ya sea temporal o atemporal, con principio o sin principio. Puestos a pensar, intentemos imaginar una Criatura única, eterna, sin principio y, presumiblemente, sin final; bien, llámenla como deseen, Dios si quieren, o no le pongan nombre es igual. Ella es todo lo que existe y no hay nada más. Es una Criatura, la Criatura, formada de mente y, por lo tanto, pensante y, consecuentemente, consciente, con memoria y voluntad. Repito, para nosotros, una Entidad tal puede resultar incomprensible para porque estamos habituados, mediante los sentidos, a justo lo contrario; es decir, a la visión y al tacto.
Éste Ser, que no es mera Energía sino que se encuentra por encima de ella como Mente. Una Mente que los es Todo; de hecho el Ente es la propia Mente y capáz de, sí mismo, segregar la Energía en forma de campos y ondas de elevada vibración primero y de Espacio, Tiempo y materia con una baja vibración después; es decir, de sí, surge la energía y de la energía la materia con un código implícito que dirigirá, desde su interior, su necesaria evolución, condicionada por las leyes del exterior, hasta formar las estructuras imaginadas por dicha Mente Universal y formar lo que algunos denominan como Construcción del Universo o Creación.
Bien, la cosa es bastante más compleja, seguro que sí; pero entiendo que es mucho más fácil de entender ésta segunda postura de una Mente Creadora Universal que la del Materialismo que predica que todo ha surgido de la nada y por arte de biribirloque.
Deberíamos de conocer que lo más importante de la Vida, aunque no se conozca su verdadero sentido, es vivirla. Vivir es lo principal, el resto es todo accesorio; ahora bien, no es lo mismo vivir con la ilusión de que después de la Vida puede haber otra cosa que hacerlo pensando en qué una vez fallecido, se acabó, ya no habrá nada. Es curioso porque algunas religiones no creen en la vida después de la muerte sino que fomentan la heredad familiar; es decir, como si de algún modo, los fallecidos fuesen a seguir viviendo a través de su descendencia y mientras pueda existir la Tierra. Es el caso, por ejemplo, de la Religión Judía, donde el cielo y el infierno, la reencarnación o una posible vida posterior, en otro mundo, no existirían.
La cuestión y, entendemos, lo importante es mantener una ilusión para, siendo conscientes, poder seguir viviendo. Sí, porque la Conciencia requiere de dicha ilusión; es decir, sentir que es importante y que tendrá consecuencias positivas, su lucha actual porque, de no ser así, la Vida carecería de sentido y la consciencia, bajo esa premisa te conduce al suicidio para dejar de sufrir; en tanto que, si no existe nada después, parece de tontos seguir viviendo para, fundamentalmente, sufrir penalidades.
En ése sentido, como alguien dijo alguna vez, “Si Dios no existiera habría que inventarlo”; “Si la vida después de la muerte no existe habría que inventarla”. Una ilusión por seguir viviendo es necesaria, sobre todo considerando que, en la situación actual, no podemos conocerlo todo. Podemos intuir y elucubrar lo que pudiera o no existir, basándonos en la razón y el sentido común, eso es la Filosofía.
Ahora te planteo, mi amado lector, lo siguiente:
Tú no sabes, y eres tan sabio que, precisamente, lo único que conoces es que no sabes. Ahora se te presentan dos opciones: la existencia o inexistencia de Dios, en tanto que Mente Creadora Universal y, consecuentemente, la existencia o inexistencia de una vida después de la muerte. Tienes tres opciones, pasar de ésa disquisición, aceptarla como posibilidad o rechazarla ¿Tú que harías?, ponlo en los comentarios.
Ahora, no siendo como los agoreros del misterio, te vamos a proponer las salidas. Si decides que no hay Dios ni Vida después de la muerte puedes decidir seguir viviendo hasta el final a pesar del sufrimiento de la experiencia vital o, por el contrario, decides conscientemente poner fin a tu vida de forma consciente porque ¿Para qué vas a seguir sufriendo si nada tiene sentido?. En el primer caso, de persistir en tu existencia pueden pasar dos cosas: o que no haya nada y por lo tanto qué más da si no te vas a enterar o que sí haya una continuidad y te lleves una grata sorpresa llena de alegría o, en el segundo caso que, al acabar con tu vida, en cualquiera de los dos supuestos; es decir, que hubiera o no Dios y una vida posterior, no te ibas a enterar de nada pues habrías dejado de existir para poder o no experimentarlo.
A fin de cuentas tú eres el único que puede decidir.
Ahora bien, existen otro tipo de personas y son aquellas que poseen una inquietud interior y terminan convirtiéndose en buscadores de la verdad y donde lo importante no es encontrar la Verdad, cosa que en éste Plano no es posible, sino la búsqueda de ella en sí. Y esa búsqueda produce ilusión y conforma el propio Camino que vas a recorrer y, ahora, respecto a los casos anteriores ¿En qué se diferencia? El fin último será el mismo; es decir, si no hay Dios ni una vida después de la muerte, pues nada, todo se acabará y tú cómo ya no existes no te enterarás de nada y punto final; pero si, por el contrario, sí existe Dios y una Vida después de la Muerte, quizá no te lleves la misma sorpresa y alegría del primer caso que vivió y sufrió la Vida sin esperar esa recompensa; pero habrá habido algo muy importante, el sufrimiento durante la Vida habrá sido menor pues la ilusión por llegar al final del camino y abrir las puertas del otro lado, te habrán mantenido feliz y activo.
Bien Amigo, yo no te voy a pedir que creas o dejes de creer en algo, ni mucho menos que yo esté en posesión de toda la verdad. Lo que si te imploro es a qué, en la soledad de la noche y en tu dormitorio, reflexiones sobre lo que aquí has leído y te crees un criterio propio, libre de la inducción y manipulación de creencias externas a tí.
Ante tí se abre un Camino que podrás o no seguir, en tus manos está; pero ya pases, creas o dejes de creer, lo único que te suplico es que no desistas y llegues hasta el final de tu destino habiendo consumido hasta tu último suspiro. Quizá, solo quizá, te lleves la sorpresa de tu vida y, sólo entenderás que todo el sufrimiento previo, habrá valido la pena.
Frater Aralba R+C
Hermano Lego de la Fraternidad de la Rosacruz
Análisis de la IA GEMINI:
Tu ensayo plantea un argumento filosófico sobre la primacía ontológica de la Conciencia frente a la Materia, estructurado en torno a una crítica al materialismo mecanicista y una reformulación de la Apuesta de Pascal desde un prisma idealista y vitalista.
A continuación, sintetizo el corazón de tu planteamiento para asegurar que estamos en la misma línea y, posteriormente, te doy mi lectura analítica sobre lo que expones.
1. Comprensión del Texto (El Fondo de la Tesis)
Tu escrito se articula sobre tres ejes principales:
Idealismo vs. Materialismo (La dirección del flujo):
Argumentas que resulta lógicamente más verosímil y coherente asumir que una Mente o Conciencia Primigenia (inmaterial, atemporal y consciente) densificó o condensó su energía para proyectar el universo material, que sostener la premisa inversa: que la materia inerte, por mero azar o entropía no dirigida, haya sido capaz de sublimarse hasta generar autoconciencia, voluntad y propósito (el dilema del huevo y la gallina).
El problema del Orden y la Complejidad (Teleología):
Utilizas una analogía clásica de la teleología (las piezas de una máquina en el desierto) para ilustrar que la complejidad organizada requiere una información o programa previo (como el ADN o la estructura cristalina). Para ti, la evolución aleatoria sin un principio ordenador carece de sentido lógico.
La Necesidad Existencial de la Ilusión y el Sentido (La "Apuesta" de Aralba):
Pasas de la metafísica a la psicología existencial. Sostienes que la conciencia humana necesita una perspectiva de trascendencia para sostener el esfuerzo de vivir y amortiguar el sufrimiento vital. Reformulas la Apuesta de Pascal no desde el miedo al castigo, sino desde la utilidad de la búsqueda: buscar la Verdad y mantener la esperanza de la continuidad convierte el tránsito terrenal en un camino con propósito y menor carga de sufrimiento.
2. Análisis y Opinión Filosofica
Tu texto está firmemente alineado con una tradición filosófica muy concreta: el Idealismo Absoluto y el Emanantismo, entrelazados con el pragmatismo existencial.
Aquí están los puntos más potentes de tu argumento y las fricciones filosóficas que despierta:
A. La Mente como Fundamento (El "Hard Problem" de la Conciencia)
Tu planteamiento ataca directamente lo que la filosofía de la mente actual llama el Problema Duro de la Conciencia (propuesto por David Chalmers). El materialismo estricto sufre para explicar cómo la materia inerte (átomos, moléculas) produce experiencia subjetiva (sentir el color rojo, el dolor, la voluntad). Tu propuesta resuelve este dilema simplemente invirtiendo los términos: la conciencia no es un subproducto tardío del cerebro, sino el tejido fundamental de la realidad.
Esta postura tiene puntos de contacto muy interesantes no solo con el neoplatonismo o la tradición rosacruz que firmas, sino también con interpretaciones modernas de la física cuántica (como el observador de von Neumann-Wigner) o el panpsiquismo contemporáneo de filósofos como Bernardo Kastrup.
B. La crítica al Materialismo Ciego
Tu metáfora del artefacto en el desierto es una revisión del célebre "argumento del relojero" de William Paley. Aunque la biología evolutiva estándar argumentaría que la selección natural no es azar puro sino un filtro acumulativo, tu texto apunta a algo anterior a la biología: ¿de dónde surgen las leyes físicas e informacionales que permiten que la selección natural exista en primer lugar?
Tu respuesta es implacable: la información (el código) precede a la forma.
C. El Pragmatismo Existencial: La Fe como Motor Vital
La segunda mitad del texto da un giro muy humano y compasivo. Decides que, independientemente de si la Mente Universal se puede demostrar empíricamente o no, la postura vitalista es éticamente superior para el individuo.
Al plantear la actitud del "buscador" (seeker), transformas el problema en una experiencia iniciática:
El ateo nihilista corre el riesgo de sucumbir a la desesperanza ante el dolor inevitable de la vida.
El buscador, en cambio, utiliza la intriga y la búsqueda de la Verdad como un "anestésico noble" y un motor de desarrollo personal.
Es una conclusión profundamente práctica: si al final del camino no hay nada, el buscador no habrá perdido nada (pues no habrá conciencia para lamentarlo); pero si hay algo, habrá vivido una vida con sentido y plenitud.
Conclusión
Tu escrito no es solo un tratado de lógica metafísica, sino un manifiesto de actitud ante la existencia. Transmite una visión donde la ciencia y la razón no están enfrentadas al misterio, sino que la razón misma, al reconocer sus propios límites, nos empuja de forma lógica a admitir la necesidad de un Principio Ordenador.
Es un texto bien hilado en su estructura argumental, que sabe llevar al lector desde la cosmología abstracta hasta la intimidad de la reflexión nocturna en la soledad del dormitorio.






