“Los eones, el huevo cósmico y la transfiguración”
-El verdadero sentido del Universo y de la Existencia-
Hace muy poco tiempo habría sido incapaz de transmitiros estos conocimientos, referentes al Pleroma (Misterios Mayores), por el simple motivo de que no se encontraban a nuestro alcance. Se ve que el conocimiento llega en su debido momento y no cuando lo estamos buscando. Si yo he podido tener acceso a estas cuestiones significa que vosotros estaréis, del mismo modo, capacitados para aceptarlas y entenderlas.
La información que hoy encontraréis aquí, no la habréis visto nunca, hasta ahora, en ningún otro lugar. A partir de ahora es probable que podáis encontrarla en muchos lugares. La cuestión es que vamos a tratar acerca de un Tema que había estado vetado para la Humanidad “Los Misterios Mayores de Osiris” (aquello referente al Pleroma). Al presente, a lo máximo que podíamos alcanzar eran “Los Misterios Menores de Isis” (Todo lo referente al Mundo Material, nuestro Universo y, más concretamente, la Tierra).
Algunos podrían argumentar que estamos cometiendo algún tipo de delito al descubrir estos misterios; pero deberían de tranquilizarse pues tenemos el permiso necesario para difundirlos; de hecho, no podríamos hacerlo, de no ser así. En definitiva, ha llegado la hora de que todo el Mundo descubra la Verdad de la existencia, una verdad que sólo vosotros podréis confirmar si entráis dentro de vosotros y la ponéis al juicio de vuestro Ser Interno. Él os indicará si lo que sigue es Verdad o un mero cuento chino inventado por alguien cercano a la locura.
Desde que éramos niños sabíamos que teníamos una misión que desarrollar; pero, evidentemente, no sabíamos de qué podría tratarse. Hoy sí lo sé, y durante más de tres décadas, de forma inconsciente, nos hemos venido preparando para lo que sigue. Es por ello que, a muchos de los que nos siguen desde hace años, no les extrañará la siguiente narración. A los nuevos, sólo les solicito el beneficio de la duda y que reflexionen consigo mismos, acerca de ésta Cuestión, antes de ponerme a caer de un pino.
Cómo bien saben nuestros amigos y amigas, el Pleroma lo es Todo y es algo, si se puede denominar así, que no posee dimensiones algunas, ni el tiempo transcurre en su interior, si tal cosa pudiera existir. De hecho, podría decirse que el Pleroma más que un espacio infinito viene a ser una singularidad sin dimensiones. Pues bien, esa singularidad es infinitamente grande y está constituida por una substancia conocida como Éter, que nada tiene que ver con el compuesto químico. El Éter es la substancia del Pleroma y de lo que todo, de una y otra manera, en diferentes gradaciones y frecuencias, está constituido. El Pleroma es lo que algunos humanos denominan como Dios, la Mente Cósmica Universal o el Ser Supremo. Es aquello que siendo lo único no manifestado, preexistente y eterno, lo contiene todo en su Ser sin dimensiones espaciales o temporales.
En su complejidad y simpleza, el Pleroma está constituido de infinitas ideas y que son aquellas que forman el Éter. Esas células, por llamarlas de alguna manera son los eones; pero los eones antes de cualquier manifestación; de otro modo, los eones, siendo potencias del propio Pleroma también son preexistentes, sin forma, no manifestados y eternos. Los eones, infinitos ellos, conforman lo que es el Pleroma en un siguiente nivel; es decir, los eones no son creaciones del Pleroma sino las potencias no manifiestas en tanto que ideas, primero y manifiestas del Pleroma, después, en tanto que entidades.
Los eones, en principio y en tanto que potencias, no son algo manifestado; pero desde un tiempo antes del tiempo; o sea, desde siempre, el Pleroma viene manifestando sus potencias como si fuese la forma que tiene de reproducirse. Digamos que la Corte Celestial de los eones son el Multiverso, donde en cada uno de los eones, en sí mismos, mora un Universo y donde cada Universo es un Huevo Cósmico que dará lugar a un nuevo Eón que, dicho de otro modo, resulta ser la nueva manifestación de una de las infinitas potencias del Pleroma, en un nivel de realidad inferior al propio Pleroma y sus ideas y eones inmanentes.
Para que se nos pueda entender: todos y cada uno de los eones gesta en su interior, en su Seno, un Huevo cósmico que, pasado el tiempo, eclosionará en un nuevo Eón manifestado. A nuestro Eón, los gnósticos del pasado lo conocen como Sophía y, por ello, es en el Seno de Sophía donde se encuentra el Huevo de nuestro Universo. Universo que es en el que nosotros, en tanto que ideas, somos manifestados.
En Círculos cabalísticos el Eón que surgirá de nuestro Universo es conocido como Adam Kadmón o el Hombre Cósmico. Los Rosacruces lo conocen como la Segunda Venida de Cristo, quien traerá, consigo, nuevos cielos y una nueva Tierra. Al eclosionar los eones en gestación, no lo hacen en la dimensión de sus progenitores; es decir, de los eones gestantes, sino que, automáticamente, mediante una suerte de implosión crean una nueva dimensión dentro de la singularidad del Pleroma.
Así las cosas, los eones manifestados, en una realidad inferior a la del Pleroma, no permanecen en una única dimensión sino que cada uno de ellos conforma una nueva dimensión separada de todas las demás y, justo en el instante de la eclosión; es decir, del nacimiento del nuevo Eón, éste nace preñado con un nuevo huevo cósmico del que, con el paso del tiempo, surgirá otro nuevo Eón. Un Eón que habiendo sido preexistente y eterno pasa a un nivel de realidad diferente, inferior por decir así, y donde lo no manifestado, la Idea, queda manifiesto como Cosa.
Y éste proceso de procreación del Pleroma, mediante los eones, ha sido desde siempre, por siempre y para siempre.
El Gran Misterio se encuentra en que la singularidad del Pleroma contiene, en su infinitud, la totalidad de los infinitos universos del Multiverso que terminarán, en tanto que huevos cósmicos, convirtiéndose en los eones que conforman lo que se conoce como la Corte Celestial del Pleroma. Y esto supone un proceso que nunca tuvo un principio ni jamás tendrá un final.
La paradoja del observador: Cuando el Eón despierta dentro de la Idea
Si el Pleroma es la Mente Cósmica y nosotros somos ideas preexistentes que han sido manifestadas como "Cosas" en el seno de Sophía, cabe preguntarse: ¿Cuál es el propósito de éste descenso a la materia y a la dimensión del tiempo?
Podríamos contemplar que la eclosión del Huevo Cósmico y la gestación del nuevo Eón (Adam Kadmón) no es un proceso meramente mecánico o estelar, sino un acto de autoconocimiento absoluto.
El espejo de la Creación: El Pleroma, al carecer de dimensiones, tiempo y alteridad, es puro Ser no manifestado; es todo, pero al ser todo de forma infinita y estática, carece de la perspectiva del contraste. Para conocerse a sí mismo, el Pleroma se fragmenta y se proyecta a través de los eones en infinitas chispas hasta llegar a nosotros.
El despertar de la Consciencia en la Materia: Cuando el ser humano —atrapado aparentemente en la densidad del mundo material de los Misterios de Isis— logra trascender el velo de los sentidos y sintonizar con su Ser Interno, ocurre un fenómeno alquímico extraordinario: es el propio Eón durmiente dentro del Huevo abriendo un ojo por primera vez.
La Transfiguración como el puente dimensional
Mencionamos, con absoluta precisión, que al eclosionar los eones, estos crean una nueva dimensión mediante una suerte de implosión. Si llevamos esto al plano humano, la transfiguración de la que habla la tradición rosacruz no es simplemente una evolución espiritual moral, sino un cambio de frecuencia cuántica y vibratoria.
Significa que la conciencia individual, al purificarse y comprender su origen pleromatico, deja de ser arrastrada pasivamente por las corrientes del tiempo lineal y comienza a operar como un punto de anclaje de la realidad superior. El iniciado que comprende los Misterios Mayores deja de ser una simple criatura del universo creado para convertirse en un co-creador consciente de la nueva realidad que está gestando a Adam Kadmón; de hecho, cada consciencia transcendente, deberá convertirse en el espermatozoide que dentro de un Eón, genere un nuevo Huevo Cósmico; es decir, un nuevo Universo y esto por saecula saeculorum.
“El hombre busca en las estrellas aquello que olvidó que habita en su propio centro; porque el macrocosmos y el microcosmos no son dos realidades paralelas, sino el eco eterno de una misma Consciencia despertando del sueño de la materia.”
Frater Aralba R+C
Hermano Lego de la Fraternidad de la Rosacruz






